Libia y la nueva división imperial de África

La Odisea del "retorno" a África de las potencias imperialistas

PRIMERA PARTE

Los planes para atacar Libia son antiguos. La maquinaria de guerra imperial de EE.UU., Gran Bretaña, Francia, Italia y sus aliados de la OTAN está involucrada en una nueva aventura militar comparable a los eventos que llevaron a las guerras contra Yugoslavia e Iraq. La maquinaria bélica  se ha movilizado bajo la cobertura de “intervención humanitaria.”

De hecho, lo que han hecho el Pentágono y la OTAN es violar el derecho internacional al intervenir a favor de una de las partes en combate en Libia en una guerra civil que ellos mismos han alentado y alimentado. No han protegido a los civiles, sino que han lanzado una guerra contra el régimen libio en Trípoli y ayudan activamente al Consejo de Transición basado en Bengasi en los combates contra los militares libios.

Antes del acercamiento al coronel Gadafi, EE.UU., Gran Bretaña, Francia, y sus aliados trabajaron para desestabilizar Libia. Como han confirmado fuentes del gobierno de EE.UU., Washington intentó varias veces un cambio de régimen en Trípoli [1]. Según el general Wesley Clark, ex comandante de la OTAN, el Pentágono tuvo planes activos para lanzar una guerra contra Libia.

EE.UU. y sus aliados de la OTAN están ahora embrollados en una nueva guerra que tiene las características evidentes de las guerras e invasiones de Iraq y de la antigua Yugoslavia.

Una gran armada naval frente a las costas de Libia ha bombardeado el país durante semanas con el objetivo declarado de deponer al régimen libio. Al mismo tiempo impulsan las divisiones internas en Libia.

Esparcen desinformación sistemáticamente. Como a Sadam Hussein antes que a él, EE.UU. y la UE armaron y ayudaron al coronel Gadafi. Por ello es importante responsabilizar a EE.UU. y a la UE de las ventas de armas y el entrenamiento de fuerzas libias.

También, como en Iraq, EE.UU. patrocinó a otro dictador árabe y posteriormente lo traicionó.

Antes del acercamiento de Iraq a EE.UU., al comienzo de la Guerra Iraq-Irán, Sadam Hussein era aliado soviético y Washington le consideraba un enemigo.

El caso del coronel Gadafi es similar en muchos sentidos. Irónicamente, Gadafi había advertido sobre el cambio de régimen a los dirigentes árabes en 2008 en una reunión en Damasco bajo los auspicios de la Liga Árabe. Señaló la “mala costumbre” del gobierno de EE.UU. de traicionar a sus amigos dictadores árabes:

¿Por qué no investiga el Consejo de Seguridad de la ONU el ahorcamiento de Sadam Hussein? ¿Cómo pudieron ahorcar al dirigente de un Estado de la Liga Árabe? No hablo de las políticas de Sadam Hussein o de nuestra animosidad contra él [me refiero a los demás dirigentes árabes]. Todos teníamos nuestros desacuerdos con él. También tenemos desacuerdos entre nosotros. Nada nos une aparte de esta sala. ¿Por qué no hay una investigación sobre la ejecución de Sadam Hussein?

A todo un gobierno árabe se le asesina y se le cuelga en la horca ¿Por qué? ¡En el futuro también va a ser vuestra suerte! [Los demás funcionarios árabes reunidos comienzan a reír] ¡Por cierto!

EE.UU. combatió junto a Sadam Hussein contra Jomeini [en la Guerra Iraq-Irán]. Era su amigo. Cheney era amigo de Sadam Hussein. Rumsfeld, el secretario de defensa de EE.UU. durante el bombardeo de Iraq [en 2003], era un cercano amigo de Sadam Hussein.

Al final lo traicionaron. Lo colgaron. Incluso vosotros [los dirigentes árabes] que sois amigos de EE.UU. –no, diré más bien nosotros–, los amigos de EE.UU., Estados Unidos puede aprobar un día nuestro ahorcamiento [2].

Al terminar la Guerra del Golfo de 1991, EE.UU. alentó deliberadamente la revuelta abierta contra el régimen de Sadam Hussein, pero se contuvo y se quedó mirando mientras Sadam Hussein aplastaba las revueltas iraquíes por la fuerza.

En 2011 han hecho lo mismo contra Gadafi y su régimen en Libia. Washington y sus aliados no solo instigaron la revuelta en Libia, sino que además los rebeldes recibieron armas y asesoramiento militar.

Cuando EE.UU. y sus aliados provocaron las revueltas contra Sadam en Bagdad después de la Guerra del Golfo, EE.UU., Gran Bretaña y Fancia establecieron “zonas de exclusión aérea” sobre Iraq con el pretexto de proteger “al pueblo iraquí contra Sadam”. Durante años atacaron a Iraq sistemáticamente. Bombardearon a la República Iraquí y debelitaron sus capacidades de defensa.

Actualmente EE.UU. y sus aliados han impuesto una zona de exclusión aérea sobre Libia con el pretexto de proteger “al pueblo libio contra Gadafi”. Si desearan proteger al pueblo libio contra Gadafi, ¿por qué armaron a Gadafi para comenzar? ¿Por qué realizaron transacciones comerciales después de los disturbios contra el gobierno de 2006 y 2008 en Libia? Hay mucho más en esta narrativa, que forma parte de una marcha más amplia hacia la guerra.

Una nueva división imperial de África: La Conferencia de Londres

La Conferencia de Londres sobre Libia muestra tal como son a los miembros de la coalición formada contra Libia. Violando de forma evidente el derecho internacional, EE.UU., Gran Bretaña, Francia, Alemania y sus aliados están tomando decisiones sobre el futuro de Libia antes de cualquier cambio en el terreno [4]. La democracia es un proceso que comienza por abajo y el gobierno de Libia es un asunto interno que deben decidir los propios libios. Las decisiones no pueden tomarlas las potencias extranjeras que han sido los apoyos más acérrimos de las peores dictaduras.

Las naciones reunidas en la mesa de la conferencia de Londres no tienen ningún derecho a decidir si Gadafi debe quedarse o irse. Es un derecho soberano que solo tienen los libios. La participación en la guerra civil es una violación del derecho internacional, como lo es tomar partido por uno de los campos en esa guerra civil.

La Conferencia de Londres sobre Libia puede compararse con la Conferencia de Berlín de 1884. A diferencia de la de 1884, esta conferencia apunta a dividir el botín de la guerra de Libia, en lugar de trinchar todo un continente. Asimismo Washington, en lugar de mantenerse alejado como en 1884, es la potencia dirigente en esta nueva conferencia relacionada con los asuntos del continente africano.

La posición de EE.UU. y de sus aliados europeos occidentales está muy clara:

La secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Rodham Clinton, y el secretario de exteriores británico William Hague, dirigieron las conversaciones de crisis en Londres entre 40 países e instituciones, que buscan todos una fase final orientada a detener el sangriento ataque de Gadafi contra el pueblo de Libia.

Aunque los ataques aéreos dirigidos por la OTAN contra las fuerzas de Gadafi que comenzaron el 19 de marzo no tienen el objetivo de derrocarlo, docenas de naciones acordaron en las conversaciones que el futuro de Libia no incluye al dictador en el mando.

“Gadafi ha perdido la legitimidad para dirigir, por lo tanto creemos que debe irse. Trabajamos con la comunidad internacional para tratar de lograr ese resultado,” dijo Clinton a los periodistas.

Mientras hablaba, los funcionarios de EE.UU. anunciaron que barcos y submarinos estadounidenses en el Mediterráneo habían lanzado una descarga de misiles crucero contra instalaciones libias de almacenamiento de misiles en el área de Trípoli la tarde del lunes y la madrugada del martes, el mayor ataque en días.

El ministro de exteriores alemán, Guido Westerwelle, se hizo eco de la posición de Clinton:

“Una cosa está bastante clara y hay que dejarla bien clara ante Gadafi: Su tiempo ha pasado. Debe irse,” dijo Westerwelle. “Tenemos que destruir su ilusión de que existe un camino para que parezca que no ha pasado nada si logra aferrarse al poder” [4].

La Conferencia de Londres sobre Libia, sin embargo, no solo se ocupa de Libia, sino que además presenta el programa de una nueva división imperialista de todo el continente africano. Libia, que se convirtió en un impedimento cuando Gadafi cambió de opinión, se utilizará para completar la “Unión del Mediterráneo” y como nueva cabeza de puente hacia África. Es el comienzo de los importantes pasos que emprenderán EE.UU. y la UE para purgar de África la creciente presión china.

Una nueva división imperial de África: “Operación Amanecer de la Odisea”

El nombre “Operación Amanecer de la Odisea” es muy revelador. Identifica la intención estratégica y la dirección de la guerra contra Libia.

La Odisea es un antiguo poema épico griego del poeta Homero que cuenta el viaje y rastros del héroe Odiseo de Ítaca en su vuelta a casa. El tema principal es el “retorno a casa”.

EE.UU. y las potencias imperialistas están en su propia odisea de “retorno” a África.

El proyecto también está íntimamente relacionado con los planes militares más amplios en el Sudoeste de Asia y la ofensiva hacia Eurasia, que apunta en última instancia a Rusia, China y Asia Central.

Los planes militares de Washington tienen que ver con la masa continental africana y eurasiática, es decir un súper-continente conocido como Afro-Eurasia. El control de Afro-Eurasia es el objetivo de las estrategias de EE.UU.

EE.UU. y la OTAN han provocado una guerra civil en Libia, como pretexto para sus perdurables planes de agresión militar. Se lanzó una campaña sistemática de desinformación mediática, similar a la utilizada contra Iraq de 1991 a 2003.

De hecho, los medios han mostrado el camino a la guerra en Libia como lo hicieron en la antigua Yugoslavia, Afganistán e Iraq. EE.UU. y sus cómplices también han utilizado la atmósfera de revuelta popular en el mundo árabe como una cortina de humo para insertar y apoyar sus propios planes en la Jamahiriya Árabe Libia.

El trofeo libio en el Mediterráneo

Hay un antiguo proverbio libio que dice “cuando tu bolsillo se vacíe aumentarán tus errores”. En este contexto, las tensiones internas libias no están dominadas por penurias alimentarias. Esto diferencia a Libia de países árabes como Túnez, Egipto, Yemen, Marruecos y Jordania [5]. En Libia, la falta de libertad así como una corrupción rampante han creado la oposición al régimen, la que ha sido utilizada por EE.UU. y sus aliados como pretexto para justificar la intervención extranjera.

Libia ha llegado muy lejos desde 1951 cuando logró su independencia. En 1975, el politólogo Henri Habib describió esas condiciones:

Cuando el 24 de de diciembre de 1951 las Naciones Unidas concedieron la independencia a Libia, ésta estaba considerada como una de las naciones más pobres y más atrasadas del mundo. La población de la época no era más de 1,5 millones, un 90% era analfabeta, y no tenía experiencia o conocimientos políticos. No había universidades, solo una cantidad limitada de colegios secundarios que se habían establecido siete años antes de la independencia [6].

Según Habib el estado de pobreza en Libia resultó del yugo de la dominación otomana seguida por una era de imperialismo europeo en el país [7]. Habib explica: “Se hizo todo lo posible por mantener a los habitantes árabes [de Libia] en una posición servil incapacitándolos para lograr algún progreso para sí mismos o para su nación” [8]. También explica:

El clímax de esta opresión tuvo lugar durante la administración italiana (de 1911 a 1943) cuando los libios no solo fueron oprimidos por las autoridades [extranjeras], sino también sometidos a la pérdida y privación de la mayor parte de su tierra fértil que fue destinada a colonos llevados de Italia. Los británicos y franceses que reemplazaron a los italianos en 1943 trataron de arraigarse en Libia por diversos caminos de división, para terminar por llevar al fracaso una combinación de eventos y circunstancias fuera del control de cualquier nación [9].

A pesar de la mala administración política y de la corrupción, las reservas de petróleo de Libia (descubiertas en 1959) se utilizaron para mejorar el nivel de vida de su población. Libia tiene uno de los niveles de vida más altos de África.

Aparte de sus reservas energéticas, el Estado libio ha jugado un papel importante. Las reservas energéticas de Libia se nacionalizaron después del golpe de 1969 contra la monarquía libia. Hay que señalar que esas reservas de energía son una fuente de riqueza en Libia que si se privatizara totalmente sería un lucrativo botín de guerra.

Hasta cierto punto, el aislamiento de Libia en el pasado como Estado paria también ha jugado un papel de protección. Mientras la mayor parte del mundo se ha globalizado desde un punto de vista económico, la integración de Libia a la economía global se ha retardado en un cierto sentido.

A pesar de que grandes sumas de dinero fueron robadas y derrochadas por la familia de Gadafi y sus funcionarios, también existen en Libia servicios sociales y prestaciones, como viviendas gubernamentales. También hay que señalar que nada de esto significa que no se haya establecido una reestructuración neoliberal y la pobreza en Libia, porque juegan un gran papel.

Hasta que se inició el conflicto en 2011, hubo una inmensa fuerza laboral extranjera en Libia. Miles de trabajadores extranjeros de todas partes del globo fueron a Libia en busca de empleo. Esto incluyó a ciudadanos de Turquía, China, África subsahariana, Latinoamérica, la Unión Europea Ucrania, y el mundo árabe.

El neoliberalismo y la nueva Libia: Saif Al-Islam Gadafi y el acercamiento

De 2001 a 2003, tuvo lugar un proceso de acercamiento entre Libia y EE.UU. y sus socios de la UE. ¿Qué cambió? El coronel Gadafi no dejó de ser un dictador ni modificó conducta. El acercamiento terminó con el desafío de Trípoli a sus antiguos amos coloniales. Libia se había rendido a las presiones de EE.UU. y la UE y se llegó a un modus vivendi.

Las credenciales de Gadafi como demócrata o dictador nunca constituyeron un problema. Tampoco el uso de la fuerza bruta. El verdadero tema era la subordinación.

La fuerza utilizada contra los disturbios en 2006 y 2008 ni siquiera inquietó a la UE y a Washington, que continuaron “sus negocios como siempre” con Trípoli. Incluso fuentes del gobierno de EE.UU. insinuaron que no había que poner en peligro los intereses económicos por problemas de derecho internacional o justicia; por ejemplo, BP presionó al gobierno británico en 2006-7 para que avanzara en un intercambio de prisioneros con Libia para proteger un contrato petrolero [10].

Casi de un día para otro, Libia se convirtió en un nuevo terreno fértil para las corporaciones de EE.UU. y de la UE, especialmente en sectores de la energía. Esos lucrativos acuerdos también incluyeron contratos militares de un orden de 482 millones de dólares para material militar, entrenamiento y software de miembros de la UE (incluyendo agentes químicos y biológicos) [11].

No obstante, Washington exigió dos cosas más: la imposición de un tributo imperial así como la apertura del aparato militar y de inteligencia libio a la influencia de EE.UU. Como resultado, Libia terminó todo apoyo a los palestinos y entregó a EE.UU. sus expedientes sobre grupos de resistencia opuestos a Washington, Londres, Tel Aviv y sus aliados. Esto convirtió a Libia en un “socio” en la “Guerra global contra el terrorismo”. Washington podía participar en todos los aspectos de la seguridad del Estado libio:

Aunque las sanciones de EE.UU. a Libia se levantaron en 2004 y las restricciones a la ayuda extranjera relacionadas con el terrorismo se rescindieron en 2006, el Congreso actuó para limitar la posibilidad del gobierno de Bush de proveer ayuda extranjera a Libia como medio para presionar al gobierno y al gobierno libio a fin de que solucionaran demandas pendientes por terrorismo. La certificación del gobierno de Bush de octubre de 2008 […] acabó con las restricciones permanentes sobre el suministro de ayuda extranjera de EE.UU. contenidas en la legislación de asignaciones para el año fiscal 2008 y el año fiscal 2009. Los pedidos de ayuda presentados por los gobiernos de Bush y Obama para los años fiscales 2008 y 2009, incluían el financiamiento de programas para volver a trabajar con fuerzas de seguridad libias después de “una ruptura de contacto de 35 años” con sus homólogos estadounidenses y apoyar los esfuerzos libios para mejorar las capacidades de seguridad en áreas de interés común, como control fronterizo, contraterrorismo y controles de exportación e importación [12].

Libia también opera en la banca y las finanzas globales. El Banco de la Reserva Federal de Nueva York de EE.UU. incluso otorgó 73 préstamos a Arab Banking Corporation (ABC), que es un banco que en su mayor parte es de propiedad del Banco Central de Libia, por un total de 35.000 millones de dólares [13]. Según el senador Bernard Sanders de Vermont en una queja al secretario del Tesoro de EE.UU., Timothy Geithner, y al presidente de la Reserva Federal de EE.UU., Benjamin Bernanke, el banco, casi enteramente de propiedad libia, recibió más de 26.000 millones de dólares en préstamos con una tasa de interés de casi cero de la Reserva Federal de EE.UU. que ha vuelto a prestar al Tesoro de EE.UU. a una tasa de interés más elevada [14] Arab Banking Corporation está actualmente eximida de las sanciones contra Libia y puede servir para crear un vínculo fiscal entre Wall Street y Bengasi.

Saif Al-Islam Gadafi fue vital en el proceso de apertura de Libia al comercio con Washington y la Unión Europea. En el año 2000 Saif se graduó en una universidad de Austria y se vinculó estrechamente a asociados extranjeros que se convirtieron en sus consejeros políticos y amigos.

Según se dice, el príncipe Andrew de Gran Bretaña, se convirtió en un estrecho amigo de Saif Al-Islam: tan cercano que Chris Bryant, importante político laborista, pidió en la Cámara de los Comunes británica que se separara al príncipe Andrew de su posición como enviado comercial especial al comienzo del conflicto con Libia [15].

Los consejeros occidentales de Trípoli jugaron un papel importante en la definición de la política libia. Una “Nueva Libia” comenzó a aparecer bajo Saif Al-Islam, quien presionó por la adopción de reformas económicas neoliberales al estilo del FMI.

Desde 2005-2006, comenzaron a aparecer en Libia importantes disparidades sociales y de ingresos. El Movimiento Libio de Comités Revolucionarios fue desbandado en gran parte por Said Al-Islam. Si el Movimiento de los Comités hubiese seguido existiendo, es muy probable que hubiera tratado de impedir la escalada del actual conflicto.

Además, Saif Al-Islam fue a Londres y estableció lazos en Gran Bretaña con Noman Benotman, ex dirigente del Grupo de Combate Islámico Libio (LIFG) [16]. Se hizo amigo de Benotman.

Apoyados por Said Al-Islam, Benotman y Ali Al-Sallabi, un ciudadano libio residente en Qatar (que estaba en la lista de terroristas de Trípoli), negociaron una tregua entre el LIFG y el gobierno libio.

También vale la pena señalar que todos los ministros y embajadores que desertaron o abandonaron Libia fueron seleccionados por Saif Al-Islam.

Como en el caso de la antigua Yugoslavia en los años noventa, las reformas neoliberales aplicadas en Libia crearon disparidades sociales y de ingresos que por su parte contribuyeron a la inestabilidad política. 

Acercamiento con Trípoli y extorsión imperial

A fines de 2008, el gobierno de EE.UU. logró que Trípoli pagara lo que era equivalente a un “tributo imperial”. Libia capituló y aceptó un acuerdo injusto de reparación con Washington. Se llamó “Acuerdo de Ajuste de Demandas entre EE.UU. y la Gran Libia Árabe Popular Socialista”. Según el acuerdo Libia concedería 1.300 millones de dólares a Washington, mientras Washington daría a los libios 300 millones de dólares. El Artículo 4 del anexo del acuerdo declara:

Una vez que las contribuciones a la Cuenta del Fondo lleguen a la suma de 1.800 millones de dólares, la suma de 1.500 millones de dólares se depositará en la Cuenta A [la cuenta de EE.UU.] y la suma de 300 millones de dólares se depositará en la Cuenta B [la cuenta de Libia], que en ambos casos constituirá el recibo de recursos bajo el Artículo III (2) del Acuerdo [17].

A pesar de todo esto, Libia ha seguido siendo un país relativamente rico. En 2010, Trípoli incluso hizo una oferta de comprar una parte de British Petroleum (BP), una de las mayores corporaciones del mundo [18]. La Compañía Nacional de Petróleo de Libia también sigue siendo una de las mayores compañías petroleras del mundo.

Incluso con los lucrativos acuerdos que resultaron del acercamiento, EE.UU. y la UE no olvidaron el objetivo de impulsar sus beneficios y su control. Las potencias de la UE y Washington simplemente esperaron la oportunidad adecuada. Nunca abandonaron los planes para apoderarse de Libia y del sector energético libio. Washington y Europa Occidental tampoco podían aceptar nada menos que un gobierno títere hecho y derecho en Libia.

Agitación y la reacción de Gadafi

Incluso con el acercamiento a Trípoli, EE.UU. y sus socios de la UE siguieron cultivando vínculos con personajes y organizaciones de la “oposición” con el fin de implementar un cambio de régimen en alguna fecha futura. Por eso el Frente Nacional de Salvación de Libia ha estado sobre todo activo en Washington. En boca de un oportuno informe del Servicio de Investigación del Congreso (CRS) del 18 de febrero de 2011:

La Conferencia Nacional por la Oposición Libia (una organización que engloba a grupos opositores encabezados por el NLSF […] y organizadores basados en Internet llamaron a que un “día de ira” tuviera lugar el 17 de febrero. Eventos similares habían sido organizados por grupos contrarios al gobierno en muchos otros países en Medio Oriente y el Norte de África durante el mes anterior. El 17 de febrero [2011] cientos de manifestantes salieron a las calles en Bengasi y en otras ciudades cercanas [19].

El coronel Gadafi ha gobernado Libia bajo una dura dictadura que ha utilizado sistemáticamente la violencia y el miedo. Sin embargo, el nivel de violencia que ha puesto a Libia en un estado de agitación se ha distorsionado [20]. Muchos de los informes iniciales que salieron de Libia a principios de 2011 tampoco se verificaron y en muchos casos fueron engañosos. Esos informes tienen que estudiarse con mucho cuidado. Según el mismo informe del CRS preparado para el Congreso de EE.UU., los informes iniciales provinieron todos de “informes de medios locales [libios], secuencias de vídeo de aficionados y anécdotas e informes de organizaciones de derechos humanos y grupos de oposición en el exilio” [21].

Los objetivos de Gadafi son preservar su régimen y no destruirlo. Después de que Gadafi se dio cuenta de la creciente amenaza extranjera dirigida contra su régimen, limitó generalmente el uso de la fuerza. El régimen en Trípoli no quería dar más excusas a EE.UU., la UE y a la OTAN para una intervención militar en Libia.

Gadafi mostró moderación con el fin de preservar su dictadura. El régimen libio sabía perfectamente que una sangrienta guerra civil se utilizaría como justificación para una intervención con un pretexto humanitario. Por eso Gadafi optó por tratar de negociar donde fuera posible en lugar de usar la fuerza. El uso de la violencia no favorece al régimen libio o a Libia, sino que funciona a favor de EE.UU., y los Estados de la UE.

Mahdi Darius Nazemroaya es especialista en Medio Oriente y Asia Central. Es Asociado Investigador del Centro de Investigación sobre la Globalización (CRG).
Fuente:
Libya and the Imperial Re-Division of Africa
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens.

NOTAS

(1) Christopher M. Blanchard y James Zanotti, “Libya: Background and U.S. Relations,” Congressional Research Service, February 18, 2011, p.12; la fuente citada es la siguiente: Joseph T. Stanik, El Dorado Canyon: Reagan’s Undeclared War with Qaddafi, (Annapolis, Md.: Naval Institute Press, 2003); Bernard Gwertzman, “Shultz Advocates U.S. Covert Programs to Depose Qaddafi,” The New York Times, April 28, 1986; and Clifford Krauss, “Failed Anti-Qaddafi Effort Leaves U.S. Picking Up the Pieces,” The New York Times, March 12, 1991.

(2) Muamar Gadafi, discurso en la 20ª Cumbre de la Liga Árabe en Damasco (Dirección:Twentieth Arab League Summit, Damascus, Syria: March 29, 2008).

(3) David Stringer, “Top envoys agree Libya’s Moammar Gadhafi must step down but don’t discuss arming rebels,” Associated Press (AP), March 29, 2011.

(4) Ibíd.

(5) Esto no significa que los temas en esos países árabes sean exclusivamente de la vida diaria económica, porque la libertad personal y el régimen corrupto son también importantes motivaciones para la cólera pública en las respectivas sociedades árabes de los Estados mencionados. Lo que esto significa es que el tema del sustento económico es un factor importante en esas protestas. También, se informó de que las protestas en Libia de 2008 estuvieron vinculadas al desempleo, pero los problemas económicos no son la fuerza impulsora de los eventos que tienen lugar en Libia.

(6) Henri Pierre Habib, Politics and Government of Revolutionary Libya (Montmagny, Québec: Le Cercle de Livre de France Ltée, 1975) p.1.

(7) Ibíd.

(8) Ibíd.

(9) Ibíd.

(10) Blanchard and Zanotti, “Libya: Background and U.S.,” Op. cit., pp.12-13.

(11) European Union, “Twelfth Annual Report According to Article 8(2) of Council Common Position 2008/944/CFSP Defining Common Rules Governing Control of Exports of Military Technology and Equipment,” Official Journal of the European Union, vol. 24 (C9) (February 13, 2011): pp.160-162;

(12) Blanchard and Zanotti, “Libya: Background and U.S.,” Op. cit., pp.13-14.

(13) Donal Griffin and Robert Ivry, “Libya-Owned Arab Banking Corp. Drew at Least $5 Billion From Fed in Crisis,” Bloomberg, April 1, 2011.

(14) Bernard Sandards, Letter to Ben S. Bernanke, Timothy Geithner, and John Walsh, March 31, 2011: <http://sanders.senate.gov/graphics/libya_letter.pdf>.

(15) British Broadcasting Corporation (BBC) News, “Duque de York debe perder puesto comercial, dice parlamentario laborista”, February 29, 2011.

(16) Norman Benotman fue quien organizó la defección de Musa Al-Kusa a Gran Bretaña.

(17) Claims Settlement Agreement between the United States of America and the Great Socialist People’s Libyan Arab Jamahiriya, August 14, 2008, p.4; el informe del CRS señalado también lo menciona, pero comete un error sobre la suma entregada a Libia y afirma que es “$300 billion” [300.000 millones de dólares]”.

(18) Andrew England y Simeon Kerr, “Libya hints at taking stake in BP,” Financial Times, July 5, 2010.

(19) Blanchard and Zanotti, “Libya: Background and U.S.,” Op. cit., p.5; vale la pena señalar que los dos investigadores citan a Asharq Al-Awsat, de propiedad saudí (el artículo específico citada es el siguiente: Khaled Mahmoud, “Gaddafi ready for Libya’s ‘Day of Rage,’” Asharq Al-Awsat, February 9, 2011) que de manera bastante interesante hace un vínculo entre las anteriores protestas libias el 17 de febrero de 2006 por las caricaturas publicadas en Dinamarca sobre el Profeta Muhammad que se transformaron en protestas contra Gadafi.

(20) Este hecho no justifica de ninguna manera ninguna violencia estatal en Libia, pero debe examinarse. También debe considerarse el contexto de la violencia en Libia.

(21) Blanchard and Zanotti, “Libya: Background and U.S.,” Op. cit., p.5.


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About the author:

An award-winning author and geopolitical analyst, Mahdi Darius Nazemroaya is the author of The Globalization of NATO (Clarity Press) and a forthcoming book The War on Libya and the Re-Colonization of Africa. He has also contributed to several other books ranging from cultural critique to international relations. He is a Sociologist and Research Associate at the Centre for Research on Globalization (CRG), a contributor at the Strategic Culture Foundation (SCF), Moscow, and a member of the Scientific Committee of Geopolitica, Italy.

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