Revolucionarios de color en Estados Unidos

Desde la perspectiva del forastero, los Estados Unidos parece que han entrado en la fase cumbre de un colapso psicótico por la elección de su nuevo presidente, Donald J. Trump. Su elección y posterior tiempo en el gobierno del país más poderoso del mundo ha rasgado la máscara de un grupo estancado de insatisfechos que tras los terremotos políticos han sido activados por sus pagadores para causar tanto pánico, alteración, y violencia como sea posible.

No todo esto serán noticias principales fuera de los EEUU, y por esto les traigo esta sinopsis de acontecimientos para que puedan entender mejor lo que exactamente está pasando en el EEUU de Trump, y lo que el necesita hacer para lidiar con ello, porque cuanto más se permita que enconen entonces más peligrosa será la situación. Las instigaciones como las que voy a enlistar no están emprendidas sin ningún objetivo final en mente. Justo como activos radicales similares de la camarilla liberal globalista fueron activados en Georgia, Ucrania, y otros lugares, utilizando tanto a idiotas útiles como a fanáticos comprometidos para provocar las denominadas revoluciones de color, así, también están siendo sembradas las semillas de una revolución de color en los EEUU.

La primera cosa que anotar es el odio vitriólico hacia Rusia que ha emergido particularmente desde la “izquierda liberal” en el pasado año, y desde el que ellos justifican muchas de las actividades presentes. En el otrora bastión de los neoconservadores, el miedo y la aversión por el presidente ruso y su omnipresente grupo de “hackers” han sido sacados repentinamente por los medios principales de comunicación y los demócratas convenciendo al público de que Rusia de algún modo amañó la elección en favor de Trump. Esto por supuesto deslegitima al presidente, pero también desata una cadena de bilis e insultos contra la misma Rusia. Uno de tales ejemplos el nocivo “educador anti-racista” de nombre Tim Wise, un pseudo-académico que es rutinariamente invitado a las universidades estadounidenses y redes de noticias para pronunciar diatribas cargadas de odio. Wise tuiteó el 15 de diciembre de 2016: “Con cada nuevo día se por qué parte de mi familia abandonó ese agujero de mier** de la Rusia imperial. 100 años después de la rev(olución) esperemos por otra más”, así como “seriamente, cuando su contribución al mundo son los huevos de Fabergé, la autocracia y los pogromos, nadie debería preocuparse mucho de lo que pensáis”. Dejando a un lado que los primeros progromos ocurrieron sobre el 1.300 en Europa occidental, la autocracia es tan vieja como la humanidad, y los huevos de Fabergé son subastados por más de lo que Tim Wise ganará en toda su vida, las declaraciones de este auto-descrito como anti-racista, cargadas con nada más que aversión total por los rusos étnicos fueron una muestra de lo que estaba por venir.

Con la cadena interminable de mentiras lanzadas sobre las acciones rusas en Siria para acabar allí con la insurgencia terrorista, los liberales tomaron sus primeros pasos hacia el sentimiento violento total contra Rusia más tarde en ese mismo mes. El día después del brutal y cobarde asesinato del embajador ruso en Turquía, Andrei Karlov, un escritor para el NY Daily News con el nombre de Gersh Kuntzman, aplaudió al asesino y pidió más asesinatos de personal diplomático ruso. Aunque Rusia exigió una disculpa, nunca fue dada, sobre el fundamento de que Vladimir Putin era el equivalente de Adolf Hitler.

Tras las elecciones, las llamadas a la violencia fueron dirigidas hacia el interior, hacia los partidarios de Trump y al hombre mismo. La depravada marcha de las mujeres en Washington DC, alentada por feministas radiales conocidas por enviar vía correo la sangre menstrual y crear pancartas tales como “si María (la virgen bendita) hubiera tenido un aborto, no estaríamos en este lío”, congregaron a un surtido grupo de celebridades venidas a menos para declarar que Donald Trump también era Hitler y dejar claro su deseo de asesinar a su familia y estallar la Casa Blanca.

Las cosas solo se intensificaron desde ahí según Trump prontamente se movía hacia el cumplimiento de sus promesas de campaña en rápida sucesión. La insensible mayoría del Partido Demócrata se inclinó a proteger a los criminales ilegales extranjeros usando ciudades de refugio, y desestimaron incluso los gritos de aquellos cuyos parientes habían sido brutalmente asesinados por miembros de bandas centroamericanas y lunáticos trastornados. Mientras tanto, George Soros (que también había denunciado a Trump como un impostor tras su elección) estuvo vertiendo fondos para trasponer un movimiento anarquista europeo violento en los EEUU.

El grupo, conocido como “antifa” o “acción anti-fascista” es una banda de matones anarquistas que han aterrorizado Europa occidental durante décadas con violentos asaltos en masa, allanamientos de moradas, destrucción de propiedad, y otras formas de acoso. Todo el mundo que esté en desacuerdo con ellos es un “fascista” y de este modo es el objetivo de sus tácticas con reminiscencias de principios de la década de 1930. Desde la victoria de Trump, marcas locales en los EEUU han estado reclutando por todos los campus universitarios, e hicieron sentir su presencia en el reciente evento en la Universidad de California en Berkeley, bajo lemas tales como “Matar a Trump” y “Esto es la guerra”.

Milo Yiannopoulos, el controvertido pero inofensivo periodista de Breitbart News, estaba listo para hablar en el campus tras haber sido invitado por los republicanos de la universidad. Esto está cubierto por el derecho de la primera enmienda a la libertad de expresión, y la universidad está obligada a proporcionarle una plataforma segura, dadas las circunstancias. El acontecimiento fue asaltado por aproximadamente 1.500 personas que sirvieron para proteger y ocultar a un grupo de unos 100 violentos anarquistas “antifa” usando una táctica conocida como “el bloque negro” que sirve para ocultar sus identidades y prevenir los arrestos ya que ellos causan daños en la propiedad y cometen asaltos y agresiones. Estos matones dispararon espray de pimienta contra una chica en edad universitaria, y golpearon a un hombre casi hasta la muerte con palas. Dañaron la propiedad privada con descarado desenfreno, y para alegría de las autoridades municipales, el evento fue cancelado. Durante este caos, otra lista de degenerados de Hollywood demandaron el golpe de Estado y la insurrección civil, incluyendo los aprecios de la comediante Sarah Silverman y el director Judd Apetow. Además de esto, una rama “antifa” en Arizona amenazó con asesinar a la hija de un reportero, llevando a que muchos solicitaran que Donald Trump marque esta organización como grupo terrorista doméstico.

No es la única vez que los “antifa” se habían dedicado a este tipo de comportamiento en los EEUU. Tiempo antes, la figura insigne del movimiento “Alt-Right”, Richard Spencer fue atacado por uno de estos cobardes enmascarados en DC. E incluso más recientemente, una charla por el libertario Gavin McInnes fue interrumpida en Nueva York, de nuevo por estos fanáticos vestidos de negro. Por suerte, la policía de Nueva York se comportó de manera competente en esta ocasión y arrestó a muchos de ellos.

Estos patéticos terroristas son reclutados de las filas de la universidad para atacar a mujeres, niños, y a los desprevenidos de las peores formas de asalto pueril, todo desde el anonimato (y debería decirse que se niega el derecho al anonimato cuando alguien está cometiendo crímenes violentos). La mayoría de ellos son tan poca cosa que por ello tienen un desempeño pésimo cuando los combates están más igualados, pero aman su trabajo y están pagados espléndidamente por ello. Los partidarios de Trump, e incluso los transeúntes neutrales cogidos en medio del caos tienen que sufrir porque tales criminales están ayudados por elementos del partido demócrata y los medios de comunicación que hacen de interferencia para ellos con mentiras descaradas. De hecho, uno de los mayores cambios de la era Trump es que los medios de comunicación están exigiendo abiertamente feroces asaltos por sí mismos.

Donald Trump necesita entender que esta violencia y las llamadas por más violencia, sólo se intensificarán desde aquí. Siempre que se permita el comportamiento en este sentido, sus enemigos  presionarán los límites, hasta finalmente realizar las amenazas de Madonna. Esto necesita ser terminado ahora, y eso significa empezar con algo que es tan esperado: El arresto de George Soros y la confiscación de sus activos. Financiar terrorismo doméstico es un crimen, y las conexiones entre la fundación Open Society de Soros y los manifestantes violentos sacudiendo los Estados Unidos no son difíciles de desenmarañar. Es más, el presidente tiene que perseguir por cargos de incitación e incluso sedición a los elementos de la industria mediática y del entretenimiento que están exigiendo un Maidán estadounidense. Debería completar su amenaza de privar de fondos a las universidades donde sus partidarios son amenazados y golpeados con el consentimiento tácito de los administradores. Finalmente, tiene que etiquetar a muchos de estos grupos radicales tales como “antifa” como terrorismo doméstico, por lo que puede suponer una sentencia de 15 años en cárcel.

Durante el tiempo en que se permita que estos aspirantes a revolucionarios dañen a los inocentes y causen alternaciones y caos, la administración estará bajo constante amenaza y no podrá enfocarse en su agenda de política doméstica. Es momento para decapitar a esta víbora y su prole indecente. Trump debe seguir el ejemplo de tolerancia cero para este tipo de agitación, fraguada por el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, y el presidente ruso, Vladimir Putin.

Mark Citadel


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