Grecia – ¿Qué resistencia a la política del gobierno?

El jueves 8 diciembre había convocada una huelga general. Su carácter de “huelga general” se confirmó días antes, tras la decisión del congreso nacional de ADEDY (Confederación de trabajadores del sector público), que concluyó el 2 de diciembre, de participar en ella. La convocatoria fue lanzada por la GSEE (Confederación de trabajadores del sector privado). [A lo largo de los últimos cinco años, el número de personas trabajadoras en el sector público ha pasado de 936 000 a 567 000. En lo que respecta al sector privado, las últimos estadísticas dadas a conocer este lunes 12 de diciembre destacan que 54,47 % de los “nuevos empleos” entre enero y noviembre son empleos a tiempo parcial o precarios; según el Ministerio de Trabajo, la disminución de empleos en noviembre en relación al verano se estima en más de 37 000].

El poco tiempo disponible para preparar la huelga general tuvo su impacto en la baja participación. Lo mismo ocurrió con las manifestaciones celebradas en Atenas y en otras ciudades.

La burocracia sindical de ADEDY -ligada a los partidos que han apoyado las medidas de los memorándum pasados y presentes (Nueva Democracia y PASOK), junto con la representación sindical de SYRIZA- había propuesto para el 24 de novimebre una huelga del sector público independientemente del sector privado. Así que un sector de los trabajadores y trabajadoras -sobre todo del sector público- hizo huelga solo el 24 de noviembre (la fecha fijada inicialmente por ADEDY) y otros hicieron huelga solo el 8 de diciembre. En estas condiciones, los manifestantes que salieron a la calle el jueves 8 de diciembre decidieron, en su mayoría, no participar en los cortejos sindicales.

Así que, en su cortejo, la GSEE no reunió más de 400 manifestantes. Los únicos sindicatos que contaron con bloques significativos fueron los de EAS (Hellenic Defense Systems, industria de armamento) y el de OTOE (Confederación de personas asalariadas del sector bancario). En lo que se refiere a EAS, se cierne una amenaza de cierre de empresas o de privatizaciones. Para el sector bancario, después del acuerdo de recapitalización bancaria que se recoge en el tercer memorándum, se perfilan despidos en masa.

El cortejo de ADEDY tampoco reunió muchos manifestantes. Como se ha dicho, esta confederación dio más importancia a la huelga del 24 de noviembre y no preparó como es debido la movilización para el 8 de diciembre, dado que del 29 de noviembre al 2 de diciembre realizaba su congreso nacional. En cuanto a los trabajadores del transporte marítimo que habían votado una huelga reconducible hasta el 10 de diciembre, tampoco participaron activamente en la manifestación del 8 de diciembre. Habían organizado acciones fuertes durante los días precedentes.

En el conjunto del país, la movilización del 8 de diciembre no reunió a más de 20 000 personas (y el porcentaje de participación en la huelga, según los sectores, se estimó entre el 2 y el 10 %, lo que refleja no solo el cansancio sino la dificultad de perder un día de salario). En este contexto, en su mayor parte, los manifestantes se sumaron a los bloques de las organizaciones y partidos de izquierdas. Como de costumbre, el PAME -estructura de tipo sindical controlada por el KKE, Partido Comunista- organizó su propia manifestación. En Atenas, el PAME reunió entre 5 000 y 7 000 manifestantes; las cifras varían según las fuentes. Después del PAME, el sector de Unidad Popular y ANTARSYA, así como de otras organizaciones de izquierda extraparlamentaria, pequeños sindicatos de base y de las organizaciones anarquistas reunió alrededor de 5 000 manifestantes.

La movilización del 8 de diciembre traduce de forma clara la voluntad de las fuerzas de izquierda de combatir las brutales medidas de austeridad. Pero su influencia permanece difusa. No pueden, en el contexto socio político actual, ser un vector apto que estimule la actividad masiva de trabajadoras y trabajadores. Para serlo, una condición necesaria pero no suficiente, sería el construir un polo apto para preparar en un plazo determinado una movilización que tenga un carácter eficaz. Más aún ante las tácticas de la burocracia sindical partidista.

Inicialmente, las fuerzas del KKP votaron hacer huelga el 24 de noviembre. Después de la decisión del GSEE de convocar huelga el 8 de diciembre, el KKP desconvocó las huelgas anunciadas para el 24 por los sindicatos del sector privado que están bajo su influencia. En sus declaraciones, el KKP (por tanto, el PAME) dio más importancia a la huelga del 8 de diciembre. Pero no pasó de la retórica. Hubo que esperar hasta el 6 de diciembre -dos días antes de la fecha fijada- para que desarrollaran iniciativas en los sectores en los que su influencia es mayor.

La Unidad Popular, en parte a causa de su debilidad política y en parte a causa de su impotencia objetiva, subestimó la huelga. En el plano político, la opción de su dirección de expresar un euroescepticismo basado únicamente en la moneda (euro) se concretó en la decisión de no pedir a las secciones locales que prepararan y propagaran las consignas de huelga y manifestación. La única excepción fue la de las fuerzas de la Red Network y de DEA, integrantes de Unidad Popular.

Por lo que se refiere a la presencia sindical de la UP, hay que señalar que existen diferencias de orientación, lo que debilita el impacto en este plano de la UP. Militantes sindicales miembros de la UP y asociados a la Corriente de Izquierda de la UP (cuyo portavoz es Lafazanis) siguen presentándose en listas sindicales vinculadas al partido gubernamental SYRIZA, entre otros, en el sector privado. Un sector militante de la UP -proveniente de la coalición ANTARSYA- mantiene su compromiso sindical junto a las listas de ANTARSYA. Una tercera corriente de sindicalistas próximos o miembros de la UP -es decir, el ala más radical de la Corriente de Izquierda y militantes organizados en la Red Network– participa en las listas de META (corriente sindical creada inicialmente por SYRIZA que después rompió con la corriente sindical vinculada al gobierno). Ahora bien, las fuerzas de META están sobre todo en el sector público. Por tanto, dada la celebración del congreso nacional de ADEDY, el objetivo del 8 de diciembre también fue subestimado por META.

Por último, los militantes sindicales vinculados a ANTARSYA no pudieron ser un factor capaz de imprimir otra dinámica a la llamada huelga general. La coalición ANTARSYA tiene conflictos internos. Prueba de ello, sus miembros participaron en cortejos diferentes. Además, determinadas corrientes de ANTARSYA rechazan casi siempre participar en iniciativas unitarias planteadas por META. Por ejemplo, durante el congreso de ADEDY, su rechazo a participar en una lista unitaria tuvo como resultado que las fuerzas que podrían ser caracterizadas como de izquierda radical fueron incapaces de asegurar una presencia más efectiva en las estructuras de dirección, mientras que una lista unitaria habría permitido perfilarse como la segunda fuerza del sindicato del sector público.

Frente a la aplicación de medidas del tercer memorándum -y del cuarto que el gobierno de SYRIZA prepara- es urgente y necesario que de manera unitaria se organicen iniciativas de resistencia en los lugares de trabajo, en los barrios. El actual descontento y la cólera de una mayoría de la población contra los efectos concretos de los memorándum -sentimientos que pueden coexistir con el desánimo y el sometimiento- se observa en el acrecentado desgaste del gobierno pero no encuentra expresión organizada más allá de la que se puso de manifiesto el 24 de noviembre y el 8 de diciembre.

Thodoris Patsatzis


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