Guerra contra el Islam y desinformación

Las injusticias sufridas por Youssef Nada: un caso emblemático

El deber de un periodista es aportar al público los elementos de información y de análisis que le permitan comprender lo que ocurre. Cuando los Estados «occidentales» se han comprometido en guerras unilaterales devastadoras y en campañas de odio racista contra el Islam, lo que los periodistas dicen – o callan – puede contribuir a que países y pueblos sean injustamente aplastados y humillados, y a que personas – sobre todo de confesión musulmana – sean arbitrariamente detenidas, torturadas e inscritas en listas terroristas, y destruidas para siempre.

Cuando se ejerce esta profesión es imprescindible permanecer libre de toda atadura, porque una información correcta requiere del periodista una ética y un trabajo de investigación valiente para poner en conocimiento del público lo que tratan de ocultar quienes detentan el poder.

Desde la década de 1990, tras unas campañas de denigración bien orquestadas – y, desgraciadamente, todavía en marcha – la vida de muchas personas de confesión musulmana ha basculado hacia el horror. Para su gran desgracia y la de su familia, Youssef Nada, un ingeniero y banquero italiano de origen egipcio, ha sido una de ellas.

La dolorosa historia de Youssef Nada, inscrito tras el 11 de septiembre de 2001 en la lista negra de las personas acusadas de apoyar el terrorismo sin que hubiera nada lo justificara [1] – y finalmente excluido de esta lista [2] tras ocho años de «vicisitudes kafkianas», según palabras del senador suizo Dick Marty – debería hacernos meditar para que este tipo de abominaciones no se repita más. La injusticia sufrida por Youssef Nada – una figura política muy respetada en el mundo y que ocupaba una posición eminente en el seno del movimiento Hermanos Musulmanes – nos parece emblemática del papel pervertido de una parte de la prensa y de sus conexiones con los servicios de inteligencia.

El cielo cayó por primera vez sobre la cabeza de Youssef Nada cuando en 1997 el periodista [italiano] Guido Olimpio publicó un artículo [3] en el influyente periódico milanés Corriere della Sera afirmando si aportar ninguna prueba tangible que Youssef Nada «financiaba al movimiento Hamás», movimiento de resistencia – hay que precisarlo – contra el que desde hacía tiempo luchaba y se esforzaba por criminalizar el ocupante israelí, y transformarlo en una amenaza planetaria a ojos de «Occidente».

Las insensatas acusaciones de Guido Olimpio fueron debidamente desmentidas. Sin embargo, los acontecimientos iban a demostrar que se había alcanzado el objetivo que tenían estas informaciones falsas: atraer la atención de los servicios de inteligencia y de los medios de comunicación de todo el mundo sobre la persona de Youssef Nada matando así dos pájaros de un tiro. Dar un rostro planetario a la «amenaza musulmana» a través de un pacífico financiero; estigmatizar a los bancos que son propiedad de musulmanes para incitar a Occidente a considerar sospechosas de antemano sus transacciones financieras y a considerar las donaciones entregadas a organizaciones de beneficencia administradas por el movimiento de los Hermanos Musulmanes como destinadas a financiar el «terrorismo»; infundir miedo a la opinión pública haciendo creer que los musulmanes que viven entre nosotros podrían ocultar a potenciales «terroristas», etc.

Las cosas, pues, no acabaron ahí. En varios países, considerados «estratégicos», aparecieron «expertos en terrorismo» para retomar sin vergüenza como aunténicas las fantasías de Guido Olimpio.

En Suiza el periodista francés Richard Labévière retomó, empeorándolas, las afirmaciones de Guido Olimpio desde 1997. En esa época de intoxicación y de intensa desinformación destinadas a criminalizar el movimiento de los Hermanos Musulmanes Richard Labévière trabajaba en la Televisión Pública Suiza Francófona (TSR, en sus siglas en francés). Describió a Youssef Nada y al movimiento de los Hermanos Musulmanes con unos rasgos fanáticos de los que había que desconfiar. Lo que él afirmaba tuvo un impacto enorme sobre los periodistas suizos que no tenían conocimiento alguno del mundo musulmán y que se inspiraron en él con total buena fe.

El «documental» realizado por Richard Labévière, difundido en mayo de 1998 en el programa Tiempo Presente de la TSR, mezclaba la figura de Youssef Nada con imágenes del atentado en Luxor que el 17 de noviembre de 1997 costó la vida a varios turistas suizos, lo que podría dejar pensar que había una relación entre ambos.

Con frecuencia Youssef Nada evoca esta película de Richard Labévière como el momento más doloroso y ofensivo porque relanzó la polémica y atrajo así de nuevo la atención de los servicios de inteligencia sobre sus actividades; él, el hombre respetado en el mundo entero, que se codeaba con los jefes de Estado, que intervenía como mediador de paz, a raíz de esta nueva oleada de calumnias y de sospechas vio su reputación comprometida sin posibilidad de marcha atrás y el vacío hacerse en torno a él.

Hoy es bien sabido a qué han llevado estas campañas que tienen el objetivo de volver a la opinión pública contra la población de confesión musulmana y que se han hecho ad nauseam. En 2001, después del atentado contra el World Trade Centre – atentado en el que, según la versión oficial, sólo estarían implicados un puñado de terroristas – Occidente pudo colar fácilmente su guerra contra el «terror musulmán».

Las listas negras en las que fueron inscritos los nombre de Youssef Nada, de movimientos políticos, de empresas y de miles de musulmanes con una moralidad irreprochable, asociados de manera infamante a atentados terroristas (de los que a día de hoy se ignora quiénes son los verdaderos responsables), a Ben Laden, a al-Qaeda, han resultado ser arbitrarias e ilegales. «Un hombre, cualquier ciudadano que se encuentre en estas listas instantáneamente es precipitado a un pozo sin fondo», señaló Dick Marty [4].

¿Por qué los llamados «especialistas del mundo árabe» o «expertos en terrorismo» actuaron para propagar un clima de miedo y de inquietud en relación a la religión musulmana y para abundar en el sentido buscado por la propaganda israelí, es decir, atacar continua y prioritariamente al movimiento de los Hermanos Musulmanes y considerarlo el peligro absoluto? ¿Por qué se convirtieron en instigadores de estas campañas falsas? ¿Cuál era, en última instancia, su agenda? ¿Actuaban de manera independiente o dentro del marco de una estrategia organizada y, en caso afirmativo, por quién? La pregunta «¿cui bono?*» podría ponernos sobre la buena pista.

La estrategia de Israel ha consistido siempre en intentarlo todo para arrastrar a las grandes potencias a sus confrontaciones con sus vecinos árabes e iraníes. Las campañas orquestadas para acreditar la «amenaza terrorista» debían contribuir a desestabilizar a los movimientos de resistencia al ocupante israelí en Palestina y Líbano, y a los Estados que como Siria e Irán estaban en la línea de mira de Estados Unidos [5].

Los sucesivos gobiernos israelíes siempre han presentado como «terroristas» que suponen una amenaza para toda la región a la legítima resistencia palestina, a quienes resisten al ocupante – resistencia que antes encarnaba el movimiento Fatah (al que Israel ha logrado meter en vereda) y desde la década de 1990 encarna el movimiento Hamás. Insistiendo machaconamente en que Hamás y el movimiento de los Hermanos Musulmanes, que en Egipto se opone a Hosni Moubarak, no eran sino uno, Israel ha logrado la plena adhesión del dictador egipcio.

Del mismo modo, presentando a la resistencia libanesa encarnada por Hizbolá como sometida a Irán y al propio Irán como una amenaza nuclear, el Estado de Israel – fuertemente apoyado en su propaganda de guerra por la red pro-israelí y por diversos servicios de inteligencia en Estados Unidos y en Europa – ha logrado arrastrar a Occidente a su confrontación regional sobre un fondo de miedo al Islam.

El cielo cayó por segunda vez sobre la cabeza de Youssef Nada cuando, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, su nombre, el de sus sociedades y el de sus socios fueron inscritos en la lista negra de personas e instituciones acusadas de financiar a al-Qaeda.

Hoy, gracias a su formidable tenacidad, tras ocho años de acciones extenuantes y costosas ante los tribunales para salvar su honor y el de su familia, y tras ser reconocida su inocencia y que era ajeno al terrorismo, ha logrado que se retiraran las acusaciones infamantes contra él y que su nombre sea excluido de la lista terrorista de Naciones Unidas, pero todavía no ha logrado que lo sea el de todas sus sociedades [6].

Así, pues, ¡sus tribulaciones no han terminado! En esta historia demencial ha sufrido daños morales y perdidas calculadas en más de 380 millones de francos suizos**. ¿A quién va a poder presentar la factura de este alucinante despilfarro al que han contribuido activamente unos periodistas sin escrúpulos?

Preguntamos a Youssef Nada si estos periodistas que en las avalanchas de artículos y de libros traducidos a varias lenguas lo describieron insistentemente como el «jefe de un proyecto islámico que quería conquistar Occidente» habían rectificado sus errores y reconocido el mal que le habían causado cuando dos tribunales lo declararon inocente. Nos respondió que ninguno de ellos le había dirigido nunca la menor excusa ni escrito una línea en los medios de comunicación que habían difundido sus acusaciones falaces para dar a conocer a sus lectores su inocencia, establecida desde 2005, y admitir que se habían equivocado.

Ante las deliberadas invenciones de un supuesto «enemigo islamista», conviene elegir el propio campo: el campo de la verdad y la justicia; el campo de la defensa de aquellos que son incriminados por nuestras sociedades «civilizadas».

Uno es el mejor defensor de sí mismo. Durante estos años de pesadilla en los que tuvo que afrontar preocupaciones y humillaciones Youssef Nada tomó la pluma para señalar a los «vándalos» que destruyeron su vida y la de su familia. Una familia que hasta entonces vivía en el tranquilo confort de una gran casa sobre el lago de Lugano y que privada de la noche a la mañana de sus ingresos y de sus haberes, tuvo que despedir a todo su servicio y vivir con estrecheces, pero que supo hacerle frente con la fe de las personas que saben que no tienen nada que reprocharse y que la justicia está de su parte.

Partiendo de su doloroso caso Youssef Nada ha querido hacer justicia a tantos otros hermanos y hermanas musulmanes anónimos que no tenían los medios de hacer oír sus voces y mucho más maltratados que él por las manipulaciones mediáticas que precedieron a los atentados del 11 de septiembre y por la manía de la seguridad que vino a continuación.

En su página web personal [7] (nunca terminada por falta de tiempo) Youssef Nada cuenta con distancia y precisión lo que él observó, constató, comprendió y analizó en el curso de esta penosa odisea.

Herido por las injusticias sufridas, profundamente afectado, debilitado por su avanzada edad, pero infinitamente digno ante la adversidad, resume así en el preámbulo su estado de ánimo de entonces: «Youssef Nada, banquero supuestamente terrorista, armado de fe y de valor, que lucha por establecer su inocencia y obtener justicia».

Les invitamos a leer lo que Youssef Nada presenta como un «estudio de caso sobre la utilización abusiva de consignas sobre la lucha contra el terrorismo para estigmatizar la lucha de los militantes políticos musulmanes».

Extractos del relato de Youssef Nada [8]:

«LA “SMOKING GUN”***

En octubre de 1997 me llamó un banquero para preguntarme si había leído un artículo que publicado sobre mí el Corriere della Sera. Le respondí que no. Me dijo: es muy grave, debería leerlo y transmitírselo a su abogado para que él emprenda una acción judicial.

Tuve que luchar desde 1997 hasta 2005 para lograr del Tribunal Penal de Milan una condena contra el autor de este artículo, Guido Olimpio [9] del Corriere della Sera. Actualmente hay en curso un proceso civil contra él [en Milan, ndt al francés].

Las mentiras de Guido Olimpio en su artículo del Corriere della Sera se difundieron y extendieron por todas partes.

Entre aquellos que contribuyeron a difundir estas mentiras, ya fuera por celos o por odio, conscientemente o no, intencionadamente o no, ya fueran contratados para designar a los «activistas islamistas », o estuvieran motivados política o financieramente, o por su propia agenda profesional, o hubieran sido inducidos al error, revelamos los siguientes nombres: Richard Labévière [10], Roland Jacquard, Leo Sisti, Kevin Coogan, Paolo Fusi, Daniel Pipes [11], Victor Comras, Sylvain Besson [12], Lorenzo Vidino [13], Mike Isikoff, Mark Hosenball, Douglas Farah y otros cuyos nombres se indicarán más adelante.

Cada uno de ellos fue utilizado para difundir unas historias inventadas a través de los medios de los que disponía, ya fueran periódicos, películas, cadenas de televisión, páginas web, informes de seguridad y testimonios ante la Cámara de Representantes.

Tratando de juntar las piezas del mosaico, las grandes agencias de información fueron aún más lejos añadiendo graves modificaciones que pusieron en tela de juicio su credibilidad. La Television Suiza Francófona, la BBC y AFP son las que más daño me causaron.

Cuando me puse a buscar en Google lo que se había escrito sobre mí, encontré 200.000 páginas que repetían las mismas mentiras.

A lo largo del largo proceso de investigación fueron sobre todo la ignorancia y la falta de conocimiento las que llevaron a malas interpretaciones; todo ello llevó finalmente a mantener unas acusaciones sin fundamento. Éstas se convirtieron en un problema para aquellos que debían investigarlas en el mundo. Ningún investigador ha podido utilizar elemento de prueba alguno para apoyar estas falsas acusaciones simplemente por que no existen.

Aquellos investigadores a los que engañaron las mentiras que ellos retomaron en sus informes oficiales o en sus testimonios no pueden seguir amparándose tras la excusa de que sus pruebas son clasificadas cuando unos abogados empiezan a verificar y a investigar. Les recomiendo sinceramente reconsiderar sus fuentes y reconocer su error.

La investigación penal empezó en varios países en relación a esta difusión de falsas filtraciones. Siguieron otras acciones para desenmascarar a quienes utilizaron estas mentiras para elaborar con ellas artículos, libros o informes oficiales. (…)

Empecemos por aquel a través del cual que llegaron los males

El 20 de octubre de 1997 el Corriere della Sera publicaba en la página 4 (Corriere economia) un artículo firmado Guido Olimpio titulado «Hamas perde meta’ del tesoro» («Hamás pierde la mitad de su tesoro»).

¿QUIÉN ES GUIDO OLIMPIO?

Nació en Albania el 15 de abril de 1957. No se conoce qué nivel educativo tiene. Empezó a trabajar en el periódico Il Tempo con 23 años. Fue corresponsal del Corriere della Sera en Israel. El 9 de octubre de 2002 declaró ante el Tribunal Penal de Milán, antes de ser acusado, que tenía contactos con el FBI de Estados Unidos, que «había asistido a una audiencia al Congreso de Estados Unidos en 1996 y que había dado testimonio ante la comisión de seguridad del Congreso de Estados Unidos».

El caso AL TAQWA / NADA forma parte de su testimonio [el banco de Youssef Nada que será llevado a la quiebra, ndt al francés].

El artículo de Guido Olimpio se titulaba: «Hamás pierde la mitad de su tesoro». En él figuraba también un cuadro que contenía las declaraciones agresivas sin fundamento alguno en relación a los llamados magos de las finanzas, a banqueros que operaban desde los paraísos fiscales del Caribe y de las montañas suizas.

El autor, Guido Olimpio, designaba en él varias veces, sin prueba alguna, al Banco Al Taqwa como la principal fuente de financiación de Hamás y de otros grupos islamistas, sobre todo la Jamaa Islamia egipcia, el FIS argelino y el Alnahda tunecino.

También escribía que los dirigentes de Hamás estaban investigando para saber dónde habían desaparecido los «cincuenta mil millones de liras» que el Banco Al Taqwa había dado a Hamás; este banco, que tenía su cuartel general en las Bahamas y oficinas en Lugano, era considerada el «pulmón del aparato financiero de los integristas».

También afirmaba que el Banco Al Taqwa era el motor financiero de los partidos islamista a nivel de todo el planeta. Señalaba al presidente del banco YOUSSEF NADA y afirmaba que éste había encargado a su socio y adjunto Ghaleb Himmat la misión de apoyar a Hamás, a la Jamaa Islamia egipcia, al FIS argelino y al Alnahda tunecino.

El artículo trataba también de la financiación de los grupos armados acusados de promover el terrorismo y atribuía esta financiación al Banco Al Taqwa, al organismo de gestión Al Taqwa, a su presidente YOUSSEF NADA y a su adjunto Ghaleb Himmat. (…)

LA SEGUNDA OLEADA

En noviembre de 1997 recibí una llamada de los señores Schreiber y Richard Labévière de la Televisión Suiza Francófona. Querían entrevistarme en relación al artículo del Corriere della Sera. Les informé de que nuestro abogado había emprendido una acción judicial contra Guido Olimpio y el Corriere della Sera ante el Tribunal Penal de Milan y no quise concederles la entrevista.

El 14 de mayo de 1988, [más de un año] después del inhumano y bárbaro atentado terrorista de Luxor, en Egipto, en el que murieron varios turistas suizos, la Televisión Suiza Francófona difundió un documental realizado por Richard Labévière.

¿QUIÉN ES RICHARD LABÉVIÈRE?

Ciudadano francés, nacido el 4 de mayo de 1958, con domicilio en 01210 Ferney-Voltaire/Ain/France, 23 bis Rue de Meyrin [colaboraba con la Televisión Suiza Francófona (TSR). Afirma que actualmente vive entre Líbano y Francia (ndt al francés)]. Bachiller y periodista. Corrió el rumor de que desde 1991 hasta 1997 fue utilizado para actividades de inteligencia en el Centro de Naciones Unidas de Ginebra para países de Europa y de Oriente Medio. No sabemos si es cierto o no.

Lo que resulta sorprendente es que a continuación Labévière hizo de su documental [14] un libro [15] en el que añadió aún más fábulas. Como sus conocimientos [de la cuestión musulmana] eran mediocres, trató de recoger información en Oriente Medio. El mismo fenómeno se constata en todos aquellos que han tratado de investigar sobre cualquier facción islamista, ya se trate de periodistas o de agentes de inteligencia. Utilizó como fuente a personas a las que él calificaba de expertos que sabían más que él pero, con todo, eran ignorantes en la materia aunque menos que él, o a personas ¡que tenían los mismos objetivos que él! Todas las personas a las que presentó como referencias en su documental para que contribuyeran a calumniarnos pertenecían a esta categoría.

Ni en su documental ni en su libro presentó ningún elemento de prueba de lo que él mismo o sus expertos sostenían, excepto a algunas personas a las que había comprado en Oriente Medio y el artículo mentiroso de Guido Olimpio en el Corriere della Sera. Presentó estos elementos comunes como pruebas fiables, mientras que Guido Olimpio, por su parte, durante un sesión del juicio en su contra en el Tribunal Penal de Milán en el que resultó acusado, trató de hacer valer como prueba ¡el libro de Labévière para apoyar sus propias invenciones!

Entre las fantasías escritas por Labévière figura la historia inventada según la cual durante la Segunda Guerra Mundial, es decir en 1940, Youssef Nada había trabajado para el III Reich alemán, para el Abwehr del almirante Canaris, y había participado en un complot contra el rey Faruk. Así Labévière demostró ser negado para la aritmética porque en aquel momento yo era un niño de nueve años (nací en 1931).

En sus publicaciones, que datan de septiembre de 2002, otro supuesto experto internacional de la misma ralea llamado Kivin Coogan y al que los medios de la inteligencia acostumbran a consultar, escribió lo siguiente: «En este sentido, Labévière cita también unos informes egipcios según los cuales Youssef Nada trabajó para los servicios de inteligencia militar del Abwehr alemán en las décadas de 1930 y de 1940 (recordamos al lector que en su libro Labévière escribió 1940 y que Coogan añadió otra fantasía: 1930). Igualmente conviene recordar que Francois Genoud, el banquero nazi suizo, empezó a desarrollar contactos en el mundo árabe para los servicios de inteligencia en la década de 1930».

Al tiempo que repetía las falsas historias de Guido Olimpio en el Corriere della Sera la película de Labévière añadía imágenes sin relación alguna de Luxor, de Afganistán, de Ben Laden y de otros.

Carla Del Ponte y el dr. Urs Von Daeniken

Carla Del Ponte, entonces Fiscal Federal suiza, y el dr. Urs Von Daeniken, jefe de la seguridad en el seno de la Policía Federal suiza, fueron ambos entrevistados en el documental [de Richard Labévière] donde se les preguntaba por qué no querían abrir un expediente para investigar sobre los hechos que él relata respecto a Y. Nada y a Al Taqwa. La respuesta que dan en el documental es que los elementos presentados por los autores no contienen ninguna sustancia o prueba que permita la apertura de un proceso de investigación.

Cuando vi el documental llamé dos veces al despacho de la Carla Del Ponte y del dr. Von Daeniken el 26 de mayo de 1998 para pedir una cita.

Una semana después, el 2 de junio de 1998, recibí un fax de ellos fijando una cita (…).

El resultado de este encuentro es que para ellos la película no tenía sentido; de ser creíble se debería haber abierto un expediente de investigación; eso es también lo que Carla Del Ponte decía en la película. Al mismo tiempo, el dr. Von Daeniken se dirigió directamente a mí y me dijo: «Aparte de la película, tengo unas preguntas concernientes a dos transacciones que se nos han señalado». Le aseguré que estaba muy tranquilo por el hecho de que nuestras transacciones no podían venir o ir a fuentes dudosas y que estábamos dispuestos a dar respuestas o aclaraciones concernientes a cualquier documento relativo a cualquier transacción a cualquier parte del mundo. Me respondió que sus colaboradores especialistas se pondrían en contacto conmigo.

Unas semanas después sus asistentes, Christian Duc y Serge Bacci me llamaron para concertar una cita y vinieron a mi despacho. Las supuestas transacciones sobre las que habían recibido informaciones eran falsas; nunca habían tenido lugar ni podían haber tenido lugar; les expliqué la razón y respondí a sus preguntas concernientes a nuestra historia y nuestras actividades. Comprendimos que todo estaba en orden y que, por su parte, no tenían nada que decir. Apreciamos su comportamiento respetuoso y profesional.

LA TERCERA OLEADA

Como era de esperar, las calumnias contenidas en el artículo del Corriere della Sera y la película de Labévière empezaron a desarrollarse y a dar sus ponzoñosos frutos.

El 9 de diciembre de 1999 llegué al aeropuerto de Atlanta procedente de Zurich, en tránsito para Nassau en las Bahamas. Los servicios de emigración estadounidenses me detuvieron, me impidieron embarcar en mi vuelo para Nassau y me devolvieron a Zurich en el vuelo de vuelta de Swissair.

Cuando les pregunté la razón, me respondieron: «Contacte con el consulado de Estados Unidos más próximo y pregúnteles». Al examinar mi pasaporte italiano vi que habían escrito un número de código; ese código era 217.4’6’A7811 5412 ATC 212 ‘0’.

El 15 de diciembre de 1999 llamé al cónsul de Estados Unidos en Milán y fui a verle. Cuando vio el pasaporte me dijo: «Debería usted abrir un dossier. Para abrir un dossier tiene que pedir un visado, aportar todo lo que se ha escrito sobre usted en los medios de comunicación, traducirlo al inglés y aportar también todos sus datos bancarios, acciones, obligaciones, interlocutores, y traducirlo al inglés. Aporte el número de registro de su empresa»

De hecho, me eché a reír y no pude evitar preguntarle: «¿Habla usted en serio? ¿Quiere que le traiga cinco o seis camiones? No quiero ir a Estados Unidos, todo lo que quiero es limpiar mi nombre de toda sospecha. Desconozco la razón por la que ha pasado esto. Podría ser un error o una información falsa». Con todo, hice la solicitud de visado como me había indicado.

Cuatro meses después, el 27 de abril de 2000, recibí una carta que decían que me lo «denegaban en virtud del artículo 212’a’’3’’b’ que estipula sobre todo que a todo extranjero comprometido en acciones terroristas o que es representante o miembro de una organización terrorista extranjera se le deniega. Las alegaciones del periódico italiano según el cual usted era la financiación de organizaciones terroristas podrían ser la base una negativa en virtud del artículo 212’a’’3’’b’; usted puede contratar un abogado en Estados Unidos o contactar directamente con el INS».

Volví a ver al cónsul. Estaba muy distendido y me dijo: «Tiene que pedir un nuevo visado categoría I. Es el procedimiento oficial. Si usted no lo hace, yo no puedo ayudarle».

Me fui y después le envié una carta con los documentos jurídicos; también envié otra carta al Servicio de Inmigración y Naturalización (IMS, en sus siglas en inglés) en Atlanta diciendo: «Mi principal preocupación no es viajar a Estados Unidos o a otro país, es únicamente que mi nombre quede limpio de toda sospecha. Estoy dispuesto a someterme a una investigación, ya sea formal o informal, para poder responder a cualquier pregunta que pueda llevar a que mi nombre sera rehabilitado».

Dos meses después, el 23 de junio de 2000, recibí su respuesta diciendo que lo que había ocurrido [el ser expulsado el 9 de diciembre de 1999 en el aeropuerto de Atlanta. Ntd al francés] se debía a las instrucciones de la sede, en Washington D.C. Y que mi carta había sido transmitida a su oficina.

Tres meses después, el 29 de septiembre de 2000, al no haber recibido respuesta alguna de la oficina en cuestión, les envié otra carta pidiendo una respuesta.

Siete meses después, el 8 de febrero de 2001, recibí una respuesta diciendo: «Usted nos ha consultado quién sería la persona con la que tendría que contactar para discutir su caso. La persona apropiada sería el cónsul estadounidense en su país de residencia. Le agradecemos que nos haya planteado esta pregunta y nos haya dado la ocasión de responder a sus preocupaciones».

El 30 de marzo de 2001 volví a contactar con el cónsul de Estados Unidos en Milán y le di una copia de mi correspondencia con el Departamento de Justicia. Me respondió (en un papelito Post-it amarillo 3M): «No se puede tomar ninguna otra medida en su caso mientras no haga una nueva solicitud de visado».

El 22 de mayo de 2001 hice una nueva solicitud de visado siguiendo su consejo.

El 13 de junio de 2001 le envié un fax para tratar de obtener una cita puesto que no había respondido a mi carta ni a mi solicitud de visado, y puesto que no lograba contactar con él por teléfono; no obtuve respuesta alguna.

Así pues, durante un año y medio, desde de diciembre de 1999 hasta junio de 2001, traté de obtener una respuesta, pero en vano. Decidí entonces esperar a su respuesta.

LA FECHA FATÍDICA DEL 11 DE SEPTIEMBRE DE 2001

Nosotros [falsamente asociados a la financiación del terrorismo antes de estos atentados ndt al francés] condenamos debidamente el acto bárbaro e inhumano que consideramos contrario a toda civilización y a toda religión y publicamos en los periódicos nuestras condolencias a las familias de las víctimas. Se envió copia de este comunicado de prensa a los consulados de Estados Unidos en Milán y Berna.

Los nombres de los piratas del aire fueron distribuidos en todos los bancos del mundo entero con instrucciones precisas para que se señalara toda cuenta u operación concerniente o vinculada a cada uno de ellos.

El 20 de septiembre de 2001 verificamos todos nuestros dossieres y no encontramos en ellos ninguno de esos nombres. (…) Seguimos y respetamos las instrucciones y una vez hecho el informe que se nos requería, incluidos todos los documentos referentes a ello, y lo enviamos todo al Banco central de las Bahamas. El Banco central lo transmitió al Fiscal General de las Bahamas, quien lo envió a Estados Unidos.

El 29 de octubre de 2001 el consulado de Estados Unidos en Roma me llamó y me dijo: «El 27 de abril de 2000 usted envió una carta a Washington diciendo que quería que su nombre quedara limpio de toda sospecha. Alguien le llamará mañana de Washington, ¿estará usted disponible a las 08:30 hora de Washington, 14:30 hora suiza?». Respondí que sí.

Al día siguiente John Cosenza del FBI me llamo y me dijo que iba a tomar un avión para Milán al día siguiente y me pedía que me encontrara con él en el consulado. Llegué al consulado a la hora en punto; había una larga cola de espera a la entrada. Pedí al guardia que les informara por medio del interfono de que había llegado. La respuesta fue: «OK, por favor, permanezca en la cola de espera». Le pedí que les dijera: «Joussef Nada no se queda en la cola de los mendigos» y me marché.

Cuando llegué a casa me dijeron que el consulado de Estados Unidos me había llamado cuatro veces. Me volvieron a llamar y se excusaron diciendo que me esperaban abajo. Llevé conmigo una copia del archivo que había dado al Banco central y se la entregué. Le conté mi conversación con el cónsul y que éste me pedía aportar unos documentos que habrían llenado varios camiones; les dije que como ese señor apenas conocía más en materia de finanzas que su salario, el contrato de alquiler de su casa, su comida, su ropa y la de su mujer, ¿cómo iba a comprender algo de los documentos financieros de un banco? Y ¿cómo se los habría podido entregar?

Me hicieron preguntas, respecto a lo que había publicado el Corriere della Sera, respecto a mí y respecto al Banco Al Taqwa, respecto al Centro Islámico de Milán, respecto a Ahmed Idris Nasreddin [16] así como respecto a mi familia y a mi actividad como político y como banquero. Eran dos, John Cosenza y Linda Viti; comprendí que eran agentes basados en Roma. Cuatro años después pude leer su informe y descubrí que habían hecho todo lo posible para reproducir honestamente la entrevista pero que habían mezclado algunos nombres y algunos hechos.

El 5 de noviembre de 2001, el sr. Hosenball, de News Week, me llamó para hacerme muchas preguntas respecto a Nasreddin y la mezquita de Milán, así como respecto a nuestro abogado, cuyo número de teléfono me pidió. Llamó a mi abogado y le informó de su conversación conmigo. Pero lo que le dijo no era exacto, daba otros significados a nuestra conversación y liaba las cosas. Cuando el abogado me informó de ello, le pedí que enviara oficialmente al sr. Hosenball el contenido correcto de la conversación y que le considerara responsable si hacía el menor cambio. Al día siguiente llamé a John Cosenza y le informé de esta conversación.

El 5 de noviembre 2001 Nasreddin llegó de Marruecos; acompañé a su hijo a ir a recibirlo al aeropuerto de Milán. En Chiasso, de camino en dirección a Lugano, la policía suiza de fronteras nos detuvo, nos mantuvo dos horas encerrados en un garaje con el coche y lo inspeccionó de arriba a abajo. Duró dos horas; cuando llegué a casa llamé a mi abogado y le pedí hora para el día siguiente por la mañana».

En nuestra página web se pueden leer otras partes del relato de Youssef Nada en las que cuenta, por ejemplo, cómo las cosas se precipitaron de manera dramática para él y sus socios un fatídico 7 de noviembre de 2001 cuando decenas de policías irrumpieron en su domicilio mientras su mujer dormía, así como en el de su socio Himmat y en sus oficinas de Lugano para llevar a cabo un registro bajo la dirección de Claude Nicati, sustituto del Fiscal General suizo, que le hizo sabe sin miramientos que «estaba acusado de utilizar su sociedad Al Takwa Mamagement y su Banco Al Taqwa para financiar una organización terrorista» [17].

Esa misma noche el propio presidente George W. Bush aparecía en la televisión para acusar a Youssef Nada, a sus socios y a su banco de apoyar el terrorismo y para declarar: «Los vamos a matar de hambre».

Los medios de comunicación se volvieron a desatar contra él. Era el inicio de ocho años de pesadilla durante los cuales, como dice Youssef Nada: «Reaparecieron los vándalos. Los medios de comunicación repitieron las viejas historias y las mentiras. (…). El artículo del Corriere della Sera de Guido Olimpio y el documental de Labévière empezaron a circular con nuevas invenciones y falsificaciones».

Algunas lecciones que se pueden sacar

La mayoría de las personas ignoran que los periodistas y los responsables de las redacciones que trabajan en los medios de comunicación tradicionales no son necesariamente neutros: a menudo se hacen eco de noticias sesgadas que participan activamente en la guerra de propaganda de algunos Estados en guerra y contribuyen a justificar lo inaceptable; o, por los mismos motivos, callan deliberadamente algunos acontecimientos [18].

Por desgracia, también se suele ignorar que los nuevos medios de comunicación tampoco se libran de las manipulaciones estatales [19]. Algunos blogs y páginas web que se considera que son honestas, militantes, radicales, los crean agentes de inteligencia quienes por medio sobre todo de los foros tratan de infiltrarse en los medios disidentes, tratan de medir el impacto de los artículos que estos difunden, de suscitar falsos debates entre falsos mensajeros para, a continuación, alertar a los responsables políticos sobre, por ejemplo, las dimensiones de la amenaza «antisemita» y, por último pero no menos importante, tratan de identificar a los «islamistas» que caen en sus provocaciones.

En 1990 Israel y Estados Unidos lograron arrastrar a la organización de Naciones Unidas a la Guerra del Golfo que opuso a Iraq contra una coalición de 34 Estados. Esta guerra que, según ellos, debía aportar la «paz en Palestina» y «un nuevo orden mundial» no aportó ni lo uno ni lo otro. Al contrario, fue el punto de partida de guerras cada vez más mortales y que continúan hoy. Países enteros fueron destruidos, desmembrados, contaminados por las miles de bombas de uranio empobrecido. Se arrojó a pueblos a la miseria, la hambre y al miedo al cáncer que aumenta sin cesar. No comprenden que esta barbarie pueda seguir abatiéndose sobre ellos sin suscitar una oleada de indignación a nivel mundial que podría permitir detenerla.

¿Cómo nuestro llamado mundo «civilizado» ha llegado a este grado de falta de humanidad?

El periodista británico John Laughland [20] aporta unos elementos de respuesta a esta lancinante pregunta. Ha analizado brillantemente las técnicas de desinformación utilizadas para condicionar a la opinión pública con el fin de lograr unos objetivos políticos [21]. Se refiere sobre todo a la obra de Serge Tchakhotine Le viol des foules par la propagande politique [La violación de las masas por medio de la propaganda política] [22] para recordarnos lo siguiente: « … el papel de los periodistas y de los medios de comunicación es fundamental para asegura que la propaganda es constante (…) la propaganda no se debe interrumpir (…) Una de las reglas fundamentales de la desinformación moderna es que el mensaje se debe repetir con mucha frecuencia (…) Las campañas de propaganda deben estar dirigidas de manera centralizada y muy organizada… ».

Laughland se basa también en las afirmaciones del periodista de Sky TV, Tim Marshall, para ilustrar las perversas relaciones establecidas entre periodistas y miembros de los servicios secretos. Cita como ejemplo los acontecimientos que llevaron a la caída de Milósevic, donde Tim Marshall «se vanagloria de sus muchos contactos con los servicios secretos, en particular los de Gran Bretaña y Estados Unidos (…). Uno de los temas que están presentes en su libro [23] sin que él quiera es que la frontera entre los periodistas y los espías es tenue. Al principio del libro Marshall habla de pasada de los “inevitables vínculos entre los agentes, los periodistas y los políticos” y dice que “todos ellos trabajan en el mismo dominio”. Sigue en un tono de broma afirmando que fue una “asociación de espías, de periodistas y de politicastros, además del pueblo” lo que provocó la caída de Milósevic. Se adhiere al mito de la participación del «pueblo» pero el resto del libro demuestra que en realidad el derrocamiento de presidente yugoslavo sólo pudo tener lugar gracias a una estrategias políticas concebidas en Londres y Washington».

Seamos claros: en efecto, los Estados de derecho necesitan a los servicios de inteligencia para garantizar su seguridad, pero los ciudadanos no deben aceptar que estos Estados les engañen por medio de la fabricación de informaciones falsas. Por ello es inaceptable que algunos periodistas entren en este juego.

Notas:

[1] Véase :

– «L’incroyable histoire de Youssef Nada», Silvia Cattori, Mondialisation, 13 de junio de 2008.

– «Islam: el enemigo fabricado», Silvia Cattori, Rebelión, 17 de noviembre de 2008. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=76055  

[2] Véase: «Nous avons toujours cru en l’innocence de Youssef Nada», Silvia Cattori, silviacattori.net, 24 de septiembre de 2009.

[3] Véase: «Hamas perde meta’ del tesoro», Guido Olimpio, Corriere della Sera, 20 de octubre de 1997.

[4] Periódico suizo italiano Corriere del Ticino del 25 de septiembre de 2009. Sin la denuncia de Dick Marty de estas listas negras ilegales, que contribuyeron a mediatizar la suerte de Youssef Nada, quizá éste seguiría en esta lista, asociado al «terrorismo» fabricado, como tantas otras personas más desafortunadas que él.

* N. de la t.: La locución latina ¿Cui bono? (¿A quién beneficia?) hace referencia a lo esclarecedor que puede resultar a la hora de determinar la autoría de un acto que se desconoce el preguntarse por, y llegar a determinar, quiénes se habrían de beneficiar con sus resultados. Se considera un principio del Derecho Romano

[5] Véase el vídeo en tres partes titulado: «Criminal State: A Closer Look at Israel’s Role in Terrorism», Jeff Gates.

[6] El 23 de septiembre de 2009, se retiró de la lista el nombre de Youssef Nada y el 22 de octubre de 2009 los nombre de su BANCO AL TAQWA y de AL TAKWA MANAGEMENT. Los nombres de sus dos socios habían sido retirados anteriormente: el de Ali Ghaleb Himmatt el 10 de agosto de 2009 y el de Albert Huber (fallecido en mayo de 2008) el 12 de agosto de 2008. Véase: http://www.un.org/sc/committees/1267/docs/De-listed.htm .

En cambio, los nombres de sus otros socios, BA TAQWA FOR COMMERCE AND REAL ESTATE COMPANY LIMITED; NADA INTERNATIONAL ANSTALT; WALDENBERG AG; YOUSSEF M. NADA & CO. GESELLSCHAFT M.B.H, continúan en la lista en el momento de redactar estas líneas (véase: http://www.un.org/sc/committees/1267/consolidatedlist.htm ).

** N de la t.: Equivalen a 258 millones de euros.

[7] Véase: http://www.youssefnada.ch/

[8] Extractos traducidos del inglés [al francés] por JPH.

*** N. de la t.: “Smoking gun” , la “pistola humeante” es una expresión anglosajona (aparecida por primera vez en uno de los relatos de la serie de Sherlock Holmes, The Gloria Scott, 1893) que tiene el significado metafórico de prueba concluyente.

[9] Guido Olimpio, corresponsal del Corriere della Sera. En 1996 Guido Olimpio había prestado testimonio en Washington ante la “Task force” sobre el terrorismo y las armas no convencionales. Presentado como un «experto en terrorismo internacional», Olimpio cubrió Oriente Medio desde la década de 1980. De 1999 al verano de 2003 fue corresponsal jefe del Corriere della Sera en Israel.

Ha publicado varias recopilaciones de sus artículos que tanto han perjudicado al mundo musulmán, entre otros La rete del terrore. Come nascono e agiscono i militanti delle Guerre Sante, Sperling & Kupfer, 2002.

Sus supuestas revelaciones contribuyeron también a las desgracias de Kassim Brittel. Este italiano de origen marroquí, víctima de una «extraordinary rendition» (detención especial basada en el secuestro y la transferencia por parte de la CIA a centros de detención secretos) viajaba a Pakistán cuando fue secuestrado por los servicios de inteligencia paquistaníes el 10 de marzo de 2002. Fue torturado y luego «vendido» a los agentes del FBI y de la CIA, y entregado finalmente a los servicios secretos marroquíes; continúa encarcelado en Marruecos aunque se ha demostrado su inocencia y a pesar de la apremiante invitación al gobierno italiano, contenida en la Resolución del Parlamento Europeo sobre los «vuelos secretos de la CIA», para que Italia «dé pasos concretos para su liberación».

Su mujer nos confesó: «Ya en 2001, cuatro meses antes de que mi marido fuera secuestrado ilegalmente y entregado a los agentes de la CIA en Pakistán, Guido Olimpio había escrito un artículo en el que lo presentaba como un peligroso terrorista».

Para más detalles véase:«Islam: el enemigo fabricado», Silvia Cattori, Rebelión, 17 de noviembre de 2008. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=76055  

[10] Jefe del servicio político internacional en RFI de 1999 a 2008, Richard Labévière continuó investigando sobre los Hermanos Musulmanes y el terrorismo islámico. Se pueden leer sus artículos y las entrevistas que concedió respecto a este tema, sobre los motores de su investigación. Teniendo en cuenta las informaciones falsas que propagó sobre Youssef Nada, y sobre el movimiento de los Hermanos Musulmanes – Hamas es el movimiento de la resistencia contra el ocupante que hasta el momento ha evitado la liquidación de la causa palestina -, ¿no es inquietante verle aparecer hoy como defensor de la causa palestina?

[11] Véase: «Daniel Pipes, experto del odio», Red Voltaire, 12 de julio de 2004. http://www.voltairenet.org/article126383.html  

[12] Autor de «La conquête de l’Occident», Sylvain Besson, periodista del periódico ginebrino Le Temps, ¿acaso se ha dejado atrapar en esta espiral demencial de la amenaza exagerada, incluso fabricada? El hecho es que en su increíble ensayo afirma de manera fantasiosa que entre los documentos secuestrados en casa de Youssef Nada había un plan de los Hermanos Musulmanes de conquistar Occidente. ¡Exactamente lo que los servicios de propaganda israelíes y sus socios trataban de hacer creer!

[13] Autor de «Al Qaeda in Europe: The New Battleground of International Jihad». Los escritos de Lorenzo Vidino, consagrados al Islam político y al terrorismo en Europa contribuyeron a la fabricación del enemigo musulmán. Vidino testificó ante la Cámara de Representantes de Estados Unidos sobre el extremismo islámico en United Europa.

[14] La TSR difundió el 14 de mayo de 1998 un documental hecho de amalgamas y vaguedades dirigido por Richard Labévière sobre el bárbaro ataque terrorista del 17 de noviembre de 1997 en Luxor en el que murieron muchos turistas suizos.

[15] Les Dollars de La Terreur – Les Etats-Unis et Les Islamistes, Grasset & Fasquelle, 1999.

Richard Labévière también publicá más tarde y en la misma vena Les coulisses de la terreur, Grasset, 2003.

[16] Responsable con Youssef Nada del banco suizo Al-Taqwa, su nombre fue incluido injustamente en la lista de las organizaciones sospechosas de tener vínculos con al-Qaeda.

[17] Véase (en inglés) el acta de este día elaborada por Y. Nada en su página web: http://www.youssefnada.ch/7%20NOVEMBER%202001.asp  

[18] Véase: «Une répression passée sous silence», Seumas Milne, Réseau Voltaire, 10 de enero de 2010.

[19] Véase, por ejemplo: «Pagan a usuarios de Twitter para que difundan propaganda israelí», Jonathan Cook, Rebelión, 22 de julio de 2009. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=89002  

[20] John Laughland fue administrador de British Helsinki Human Rights Group, una asociación que estudia la democracia y el respeto de los Derechos Humanos en los antiguos países comunistas, y miembro de Sanders Research Associates. Hoy es director de investigación del Instituto para la Democracia y la Cooperación.

[21] Véase: «La technique du coup d’État coloré», John Laughland, Réseau Voltaire, 4 de enero de 2010.

[22] Le viol des foules par la propagande politique, Serge Tchakhotine, Gallimard, reedición en libro de bolsillo en 1992.

[23] Shadowplay, Tim Marshall, Beograd: Samizdat B92, 2003.

Fuente: http://www.silviacattori.net/article1084.html

Les injustices subies par Youssef Nada : Un cas d’école, Guerre contre l’Islam et désinformation

Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos


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