Obama: El Más efectivo entre dos males

Entrevista con Arnold August. Segunda parte

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Primera parte:  “Democracia cubana” versus “democracia estadounidense”

Arnold August es politólogo, autor y conferencista, residente en Montreal.  Es autor del libro “Democracy in Cuba and the 1997–98 Elections” (La democracia en Cuba y las elecciones de 1997-98) publicado por la editorial José Martí.  Además aportó el capítulo “Socialism and Elections” (Socialismo y Elecciones) para el volumen titulado  “Cuban Socialism in a New Century:  Adversity, Survival and Renewal” (El socialismo cubano en un nuevo siglo: adversidad, supervivencia y renovación) de la University Press of Florida. Su más reciente libro se titula “Cuba and Its Neighbours: Democracy in Motion” (Cuba y sus vecinos: Democracia en movimiento).

Julie Lévesque: Con respecto a la democracia en los EE.UU., en su libro “Cuba and Its Neighbours: Democracy in Motion”, usted se refiere al menor de los dos males y a la ilusión sobre el cambio. ¿Podría ofrecernos un breve comentario sobre su análisis de Barack Obama?

Arnold August: En este libro se describe de manera detallada lo que yo llamo “el estudio de caso Obama” porque uno de mis principales temores y preocupaciones no está tan relacionado con la llamada “derecha”, sino más bien con las ilusiones que existen entre los liberales y entre algunos partidarios de izquierda con respecto a Obama. Por ende, realicé un análisis pormenorizado de todo lo que escribió Obama en sus dos primeros libros; el que escribió en 2004 durante su campaña para senador y el de 2008, justo antes de ser nominado. Ahora, volviendo al caso, ahí se revela claramente que Obama, con el apoyo de otros que fueron los responsables de diseñar la imagen del cambio, envió una señal clara a la oligarquía de que él no estaba a favor de cambiar el estatus quo; y a la vez, dio indicios de que la gente podría verlo como la fuente de un cambio.

Pero, si uno lee cuidadosamente sus libros, particularmente los aspectos esenciales, como es el tema de Vietnam, vemos que mantiene una posición firme a favor de la agresión estadounidense contra ese país. Ridiculiza a los partidarios de la izquierda, a los liberales que rechazaron la guerra contra Vietnam.

JL: Como el Doctor Martin Luther King.

AA: Exacto. Obama asumió una posición contra Vietnam. No ridiculizó a Martin Luther King pero sí a los miembros de la izquierda que se opusieron. Por ejemplo, sobre el caso de Chile, Obama se proyecta en su libro contra los partidarios de izquierda, o los liberales, porque proclamaban la necesidad de apoyar la lucha del pueblo chileno contra Pinochet, cuando a la vez, afirma que esas personas ignoraban que existía una dictadura en la Unión Soviética y en otros países del bloque Socialista de Europa oriental. Y por tanto, sugiere muy claramente a los círculos de poder, que en lo concerniente a los fundamentos básicos de la política exterior y doméstica de los EE.UU., él es su hombre. Paralelamente, da la impresión de estar a favor del cambio. Y para presentarse como una persona que favorece el cambio, cuenta con un asistente muy particular, David Axelrod, que mantiene vínculos muy estrechos con los círculos de poder. Axelrod está especializado en lograr que los Afro-norteamericanos sean electos a posiciones de poder. Lo logró con el alcalde de Washington D.C. y su próximo cliente fue Obama.

JL: Usted explica en su libro que Barack Obama trataba de reducir el vacío de credibilidad con respecto a los afro-norteamericanos. ¿Podría comentar como lo hacía?

AA: Este es un aspecto realmente importante. Por ejemplo, Brzezinski, que fue asesor de Bill Clinton, muy hábilmente apuntó—y estaba en lo cierto—que existía una considerable brecha de credibilidad entre los círculos pudientes en los Estados Unidos y América Latina, particularmente con respecto a países como Venezuela y el movimiento que allí se desarrollaba, así como con respecto al Medio Oriente antes de la rebelión que tuvo lugar en Egipto, y también con respecto a otras partes del mundo. Entonces tenían que vestir a la política exterior de los EE.UU. con un nuevo rostro para recuperar esa credibilidad y es por eso es que Brzezinski dijo “Estoy proponiendo a Obama; él puede lograrlo.”

Lo mismo sucede en a la política doméstica. Creo que uno de los factores principales era que los Estados Unidos siempre temieron, y con mucha razón, una rebelión por parte de los afro-norteamericanos contra los círculos de poder. Ahora, cuando Obama hizo su famoso discurso, creo que fue cuando su campaña para senador, apuntó que no existía una tierra de  afro-americanos, ni de latinoamericanos, sino tan solo los Estados Unidos de América. En otras palabras, olvidemos el racismo, especialmente si soy electo a la Casa Blanca. Y de esta forma, aparece el más efectivo entre dos males, es un factor importante.

JL: Usted dice esto porque cuando uno critica a Obama, muchos dicen: “bueno, él es mejor que Bush”. Pero esto no es realmente un argumento, sino una manera de evadir cualquier crítica.

AA: Correcto. Este es precisamente el problema, particularmente entre los que se autodenominan liberales y, desafortunadamente, muchas personas de izquierda dicen: “bueno, él es mejor que Bush; es el menor de dos males”. Mire, yo soy de Montreal; no soy estadounidense, y para analizar la crítica que se hace a Obama y esa manera en que normalmente se ven las cosas, he investigado cuidadosamente a  escritores estadounidenses, así como  por ejemplo el Black Agenda Report (Informe de la Agenda Negra) en los Estados Unidos, que se encuentra en California. Esta gente representa lo mejor entre los africanos-norteamericanos, la tradición progresista y revolucionaria que data de los tiempos de la lucha contra la esclavitud, allá en las décadas de 1960 y 1970.

JL: Y ellos son muy críticos con respecto de Barack Obama.

AA: Si, porque existe una fuerte presión por parte de los círculos de poder para que se diga: “Nosotros, los de izquierda, liberales o progresistas, no debemos criticar a Obama porque está bajo la crítica de la derecha.” Quiere decir, que me uno, si así lo quiere ver, al Black Agenda Report y otros intelectuales estadounidenses ocupados con las libertades civiles, abogados africanos-norteamericanos como Michelle Alexander, que escribió un excelente libro sobre la situación actual de los africanos-norteamericanos. Y estoy de acuerdo con Black Agenda Report en que Obama, lejos de ser el menor entre dos males, es el más efectivo de los dos males. Uno de los temas principales en el capítulo de mi libro es que Obama no representa en realidad la continuidad de las políticas de Bush. Más bien es lo contrario; Obama representa una ofensiva, una nueva ofensiva en nombre de los círculos de poder estadounidenses, tanto en el ámbito doméstico como en la arena internacional.

JL: Todo eso y ¿a la vez promueve la ilusión sobre un cambio positivo?

AA: Así es, y aun les da resultado, porque por segunda vez, muchos aún decían: “bueno, él es mejor que Romney”.  Sin embargo, representa una ofensiva, solo si recordamos por ejemplo el surgimiento del Movimiento Wall Street, no mucho después de los acontecimientos en Egipto, Madison, Wisconsin y España, tres países, uno detrás del otro, que siguieron los pasos de la revolución egipcia. Hubo muchas cosas positivas sobre el movimiento Occupy Wall Street, y por cierto, no es un movimiento homogéneo, ni lo era entonces, ni lo es ahora; algunos de ellos se manifiestan abiertamente contra el sistema bipartidista, otros no, otros inconscientemente se convierten en presas fáciles para la administración Obama. Pero el movimiento principalmente se nutre de la clase media blanca o de miembros de la clase media-baja en los EE.UU. Por lo que podrá imaginarse que si la población africana norteamericana hubiera dejado atrás la ilusión de que Obama, estando en la Casa Blanca, significaba la salvación para los africanos-norteamericanos y se hubieran unido al Movimiento Occupy Wall Street, habría sido un gran problema para los círculos de poder estadounidenses. Esto es lo que Brzenzinski tenía en mente, la brecha de credibilidad tanto en lo doméstico como en lo internacional.

La reforma del sistema de salud es otro ejemplo. No fue nada más que otra manera de incrementar los beneficios a las compañías de seguro—no era otra cosa, más que otra ofensiva por parte de los círculos de poder. Y mientras dan la imagen que él está a favor del cambio, Obama es quien juega la carta africana-norteamericana cada día. Cada vez que sucede algo, digamos que estén rindiendo tributo a Martin Luther King o a Rosa Parks, él aparece diciendo “si no hubiera sido por Marti Luther King” o por “Rosa Park, yo no estaría aquí”. Nunca pierde la oportunidad de realzar el hecho de que él es un africano-norteamericano. Y a la vez, cuando los africanos-norteamericanos son asesinados en la calle, no tiene nada que decir. Por tanto en realidad, y cito a algunas personas, intelectuales estadounidenses y otros dedicados a los derechos legales y civiles, Obama contribuye al asesinato de africanos-norteamericanos, por un lado, dando la  impresión de que ellos gozan de seguridad porque un africano-norteamericano vive en la Casa Blanca, y por otro al no decir nada cuando los asesinan.

Tomemos como ejemplo el famoso asunto del llamado control de armas. En mi libro, que se publicó antes del ataque de Newton, escribí que esos actos de violencia continuarían porque en los círculos de poder nadie dice que la segunda enmienda es un gran problema. Ahora están inmersos en este falso debate a favor o en contra del control de armas, más la controversia entre las fuerzas de Obama por un lado, y las llamadas “fuerzas de derecha” por el otro, sólo gira alrededor del tema de cuál de estas dos fuerzas es más fiel a la segunda enmienda. Ninguna de las dos ni siquiera piensa o da el menor de los indicios sobre la necesidad de cuestionar la segunda enmienda porque, en mi opinión, la pregunta que debería hacerse al respecto del control de armas es “¿Cómo es posible que en los Estados Unidos podamos tener una industria que produce armas de todos tipos, las más devastadoras armas, y que se vendan en el mercado?” Pero ni Obama, ni las otras fuerzas son capaces de cuestionar este asunto.

Obama sigue diciendo: “nuestra Constitución es la constitución democrática más antigua del mundo”. Es cierto que es una constitución antigua, pero es algo negativo. ¿Acaso no es hora ya de actualizar esa constitución?; que la gente tenga el derecho de decir cómo debe ser la constitución de los Estados Unidos de América?, y que las cláusulas básicas, como el derecho a poseer armas, sean reconsideradas para eliminar esta plaga de la sociedad estadounidense?

JL: Usted también se refirió al hecho de que el complejo militar industrial tampoco enfrenta cuestionamientos  de ninguno de los dos partidos.

AA: Ahora, por ejemplo, si usted ve la CNN u otro canal estadounidense, verá que siempre repiten que en los Estados Unidos tenemos demócratas y republicanos, la izquierda y la derecha, los liberales y los conservadores. Siguen dando la impresión de que existen dos fuerzas opuestas en los Estados Unidos de América. Más no es el caso. Básicamente es la misma fuerza que cambia su apariencia de tiempo en tiempo. Cuando una fuerza es desacreditada, ponen la otra en su lugar.

JL: ¿Quiere decir que detrás de los dos partidos existe un único interés económico?

AA: Exacto. Ha habido muchos debates sobre el tema del presupuesto en los últimos tiempos, cantidades de dinero que son necesarias; sin embargo, varios académicos estadounidenses, a quienes menciono en mi libro, dicen que uno puede emitir cualquier criterio sobre el presupuesto del país, o sobre los gastos del mismo, pero ni siquiera puede tocar el asunto de los gastos militares. Yo creo que una de las debilidades del movimiento Occupy Wall Street es que ellos hablan de los bancos de manera general sin tratar o sin enfatizar en la proporción de los gastos militares debido al hecho de que los Estados Unidos son una potencia imperial. Como resultado de la existencia de este imperialismo, los EE.UU. necesariamente invierten dinero en armamentos, con la fusión del poder militar, la industria y los bancos, dando lugar al gasto militar. Toda la economía de los EE.UU. se construye sobre la base del gasto militar, pero nadie lo cuestiona, y esto incluye a Obama. Pueden hacer algunos ajustes, unos cuantos dólares menos aquí, otros dólares menos allá, pero no se permite la discusión sobre las razones por las que una parte importante del gasto de los EE.UU. está vinculado a las esfera militar.

JL: Y si ambos partidos concuerdan en ese aspecto, ¿ello no significa que cuando se trata de la política exterior, coinciden también en que los EE.UU. necesitan mantener e incrementar su poderío militar en todas partes del planeta?

AA: Exactamente. En realidad, Obama desde los primeros momentos dijo que los Estados Unidos, herederos de los puritanos de finales del siglo XVIII, son una luz para el mundo; es el país más poderoso del planeta, la mejor nación del mundo; incluso después de que los soldados estadounidenses cometieran atrocidades contra ciudadanos en Iraq o en Afganistán, o en cualquier otro lugar, dijo: “poseemos el mejor ejército del mundo’’—la mejor nación del mundo”. Y en algunas ocasiones ha sido acusado de estar en contra del “excepcionalismo estadounidense”, la noción de que los EE.UU. son un país excepcional. Pero no es cierto que Obama sea contrario a este concepto. Incluso dijo que está de acuerdo con el excepcionalismo estadounidense; y que este nació al final del siglo XVII con los puritanos. Dijo además: “somos una nación excepcional y tenemos un papel especial que desempeñar en el mundo para traer la democracia, la civilización y la cultura a los pueblos del mundo.”

Por tanto, no existe diferencia alguna entre él y personas como Palin, Romney or McCain. La única diferencia es que el enfoque de Obama, diseñado por Axelrod y otros, es mucho más efectivo a la hora de engañar a mucha gente; y mi principal conclusión es que la democracia en los EE.UU. ahora funciona muy bien, no está en crisis. Ha podido recuperarse después de Bush y ponerle un rostro totalmente nuevo a una política que incrementa los ataques a escala mundial en el nombre de Obama. Solamente tenemos que ver lo que ha hecho Obama en los últimos cinco años con sus ataques contra Iraq,  Afganistán, y otros países. Poco después de haber sido electo para su primer mandato, ocurrió un golpe de estado en Honduras.

Bush, McCain, Palin no habrían podido salirse con la suya, pero Obama sí lo logró en el caso de Honduras porque existía y aun existe en algunos países Latinoamericanos, en círculos progresistas, cierto grado de ilusión con respecto a Obama, sobre que él es diferente a los republicanos o a la derecha. Sin embargo, él se puso en función del golpe de estado en Honduras al utilizar el mejor lenguaje de la Ivy League o altamente académico, y corporal para dar la impresión de que no estaba detrás de ese acontecimiento. Pero ¿qué dijo Obama cuando ocurrió el golpe de estado en Honduras? Una vez que el presidente Manuel Zelaya fue secuestrado y forzosamente sacado de Honduras, y que el pueblo tomara las calles durante más de cien días arriesgando sus vidas mientras protestaban contra el golpe y la presencia militar apoyada por los EE.UU., Obama continuó insistiendo (así como Clinton y otros) en la distención de las partes. Es algo muy interesante. Por un lado tenemos allí a los militares en el poder, por otra Zelaya fuera del país, la gente tratando de resistir a manos limpias, y aún así Obama pone a las dos partes al mismo nivel—ambas partes deben recurrir a la distención.

JL: ¿Trató de aparecer como neutral?

AA: Correcto. Pero en realidad, Obama nunca estuvo de acuerdo con que Zelaya regresara a Honduras como presidente. Dijo: “estoy en contra del golpe, no es bueno, estoy en contra de los militares, no es bueno”, pero siempre se opuso al regreso de Zelaya a Honduras, que era un presidente democráticamente electo. Es de esta manera en que operan; así es como los Estados Unidos se salieron con la suya en este caso.

Traductor: Luis Chirino, La Habana, Cuba

Texto original en inglès: Obama: The Most Effective of Two Evils

 

Articles by: Arnold August and Julie Lévesque

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