Las tensiones del proceso bolivariano: nacionalismo popular, conquistas sociales y capitalismo rentista

Analisis de coyuntura y conversación con Marea Socialista, corriente anticapitalista del PSUV

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Cuando se acercan las elecciones regionales en la República Bolivariana y después del importante discurso nacional y el reciente anuncio del presidente Chávez de cara a su nueva operación por cáncer (www.rebelion.org/noticia.php?id=160514), publicamos este análisis -crítico y fraternal- del proceso de cambio en Venezuela. Este texto, escrito a finales de noviembre (después de una estadía en Venezuela para las elecciones presidenciales), intenta subrayar algunos puntos para el debate, desde la izquierda, temas tal vez más aún vigentes frente a la nueva y difícil coyuntura que se avizora para el pueblo bolivariano.

El domingo 7 de octubre Hugo Chávez festejaba su tercera victoria en las elecciones presidenciales, con el 55,1% de los sufragios, frente al 44,3% a favor de su principal adversario, el candidato neoliberal Henrique Capriles Radonski. La polarización política fue tal que los otros cuatro candidatos en liza quedaron literalmente barridos 1 . La popularidad, la capacidad de movilización y el liderazgo carismático de Chávez permanecen sólidamente demostrados, anclados y mayoritarios entre las y los “de abajo”; con una participación electoral que ha alcanzado niveles superiores al 80% del censo electoral. La manifestación de centenares de miles de personas (tal vez más de un millón) ocupando las calles de Caracas el jueves 4 de octubre, constituyó una incontestable demostración de vitalidad de la “revolución bolivariana” y también la omnipresencia del presidente a la hora de levantar el entusiasmo de la muchedumbre. Todo ello bajo los auspicios de un slogan de campaña pasablemente alejado del socialismo: “¡Chávez, corazón de la patria!”. Encontramos aquí sin duda la fuerza del nacionalismo popular tal como se ha encarnado en Venezuela: un “cesarismo” progresista y antiimperialista (en el sentido de Gramsci) o incluso esa “razón populista” post-neoliberal, descrita por Ernesto Laclau 2 , que ha conseguido crear, reconstruyéndola por arriba y por abajo, una nueva comunidad política popular en Venezuela, a lo largo de esta última década. Pero si hay fervor, no es solo el fruto de una “irracionalidad” política, como se puede leer continuamente en la prensa dominante, o de la simple emergencia plebeya discursiva.

Esta mística popular existe también gracias al balance social, muy real y bien comprendido, del proceso bolivariano: “A diferencia de lo que pasaba bajo los anteriores gobiernos, una gran parte de la renta petrolera ha sido utilizada para financiar la política social. Los (muchisimos) humildes que gritan ‘viva Chávez’ son la expresión, sin duda, de los millones de personas que acuden cada día a los distintos programas –Mercal, Pdval, Bicentenario, Farmapatria– donde pueden comprar productos de primera necesidad a precios subvencionados. Los jóvenes que se entusiasman –‘Chávez va a ganar’– piensan indudablemente en la política de inclusión y de educación llevada a cabo en todos los niveles, en los libros y ordenadores (los canaimitas) gratuitos que se les han distribuido. Los viejos que visten sus camisetas rojas lo hacen probablemente porque los 200.000 jubilados que tenían una pensión al final de la IV República se han convertido hoy día en 2.300.000. Cuando las madres de familia hablan con emoción del ‘comandante’ es porque las distintas ‘misiones’ puestas en marcha les han dado acceso a la salud, porque dos millones de ellas y sus familiares gozan del régimen de seguridad social. Que las familias que vivían en alojamientos precarios tomen partido, tampoco tiene nada de sorprendente: la Gran Misión Vivienda Venezuela, aunque creada demasiado tarde, ha construido decenas de miles de viviendas desde su inicio hace dieciocho meses 3 .

Según la Comisión Económica para América Latina de la ONU (CEPAL), Venezuela es el país con el descenso más espectacular de la pobreza en América Latina: entre 2002 y 2010, ésta ha pasado del 48,6% al 27,8%, y del 22,2% al 10,7% en lo que se refiere a la extrema pobreza. Además, el país posee actualmente uno de los más reducidos niveles de desigualdad de la región, lo que no es poco en el continente menos igualitario del planeta. Los cambios son por tanto muy palpables, muy lejos de los años neoliberales de la IV República (1958-1998). Habría que añadir a todo ello la creación de espacios de participación popular, sobre todo a través de los miles de Consejos comunales o de cooperativas campesinas surgidas de la reforma agraria; la reciente reforma del Código del Trabajo, el más progresista del continente 4 ; la implantación de uno de los salarios mínimos más elevados de la región o incluso el regreso de la discusión sobre la soberanía del pueblo, el socialismo y el anti-capitalismo, mucho más allá de las simples esferas militantes. El programa de campaña de Chávez se orientaba claramente en torno a estas cuestiones estratégicas. Las elecciones del domingo tenían también un evidente carácter geopolítico. Una derrota del candidato del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) y de sus aliados del Gran Polo patriótico (incluyendo al Partido Comunista Venezolano) habría deteriorado en gran medida las relaciones de clases continentales, amenazando no sólo las conquistas sociales y democráticas de la última década, sino también la nueva autonomía relativa del Sur frente al imperialismo, la jovencísima Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), y acabando sobre todo con proyectos novedosos, aunque todavía balbuceantes o limitados, como el ALBA 5 o la Banca del Sur.

Sin embargo, esta nueva victoria electoral –muy clara e indiscutible- no puede esconder los múltiples problemas no resueltos después de 13 años de poder, los “dilemas” y las intensas contradicciones del proceso bolivariano, más allá de los discursos sobre “el socialismo del siglo XXI” (del que apenas se perciben unos contornos borrosos) 6 . Citemos algunos de los más flagrantes:

- La corrupción sigue siendo endémica, a todos los niveles institucionales (en particular al nivel de los gobernadores de los Estados federados), hasta el punto de que se puede hablar de un fenómeno estructural y enquistado, herencia de un Estado rentista y petro-depediente que no ha sido transformado.

- La burocracia, la ineficacia y la débil institucionalización de las políticas públicas, la falta de productividad de las empresas estatales, la rotación permanente de responsables en los ministerios y, como fue reconocido y repetido por el propio presidente durante la campaña, “la falta de seguimiento de los proyectos”, sobre todo de aquellos destinados a mejorar el acceso a la electricidad, a diversificar el modelo productivo o incluso a asegurar la soberanía alimentaria de un país que debe importar más del 75% de su alimentación.

- La inseguridad (sobre todo en las ciudades) y la amplitud de la criminalidad, que hace de Venezuela uno de los países con la mayor tasa de homicidios por arma de fuego ligera de todo el continente (excluyendo conflicto armado): una preocupación y un calvario cotidiano para los sectores populares, lo cual ha sido muy bien instrumentalizado por la derecha y la oligarquía, a pesar de algunos avances reales con la reciente reforma de la policía y el inicio de una toma en consideración del fenómeno.

- La debilidad de la estructuración del movimiento sindical, el fracaso –incluyendo la represión– de experiencias de control obrero y de cogestión (como en SIDOR o Sanitarios Maracay) 7 , el cuestionamiento de la independencia de la clase obrera, alimentada por la tentación permanente de un control por arriba del sindicalismo por parte del ejecutivo, verticalismo reforzado últimamente por las divisiones internas y la crisis de la UNETE (Unión Nacional de Trabajadores de Venezuela) y la creación (en 2011) de la CSBT (Central Socialista Bolivariana de los Trabajadores), infeudada en el Ministerio de Trabajo.

- La cuestión de la omnipresencia de Hugo Chávez, calificada a veces como “hiperpresidencialismo”, y por tanto el nivel de personalización del poder, en un contexto –además– en que el presidente está gravemente enfermo de cáncer y considerablemente debilitado.

- El mantenimiento de un modelo de desarrollo (y de un Estado) rentista surgido de la paradójica “maldición” de la abundancia petrolera 8 : un modelo no duradero, basado esencialmente en la explotación de este recurso, y una economía capitalista mixta en la que más del 70% del PIB sigue en manos del sector privado 9 , mientras una casta –denominada “boli-burguesía”– se enriquece a la sombra de este maná y de una “derecha endógena” al gobierno, encarnada en algunos hombres fuertes (y riquísimos) como Diosdado Cabello (hoy día presidente de la Asamblea Nacional).

- La política exterior, particularmente hacia Oriente Medio, donde en nombre de una estrategia antiimperialista “campista”, Hugo Chávez ha decidido apoyar, contra viento y marea, a diversos gobiernos autócratas, cuando no sanguinarios, de la región; una estrategia renovada después de las elecciones, cuando el presidente en una conferencia de prensa renovó su amistad con Bachard El Assad frente a los “terroristas” y la OTAN.

Sin embargo, y así lo hemos podido constar en nuestra estancia en Caracas durante las últimas elecciones, cada vez hay más voces y colectivos provenientes del “chavismo crítico” que se hacen oír para renovar su apoyo consciente al proceso (y a sus conquistas) 10 , al mismo tiempo que denuncian su estancamiento y la falta de avances en muchos terrenos, explican también que si una parte del electorado popular ha decidido votar por Capriles lo ha hecho para expresar su descontento o su desconcierto. Como señala Patrick Guillaudat: “Observando de cerca los resultados, la victoria es frágil, a pesar del hecho de que Chávez haya ganado a Capriles en 22 de los 24 Estados del país. Entre las últimas elecciones presidenciales de 2006 y las de 2012, Chávez ha ganado 752.976 votos, mientras la oposición ganaba 2.175.984, o sea tres veces más. En los barrios populares de Caracas (Petare, 23 de Enero, La Vega…) el voto chavista ha bajado entre un 6% y un 9%. El mismo movimiento se da en las otras ciudades del país. Por otra parte, el recuento preciso de los votos de cada candidato, distribuidos partido a partido, muestra que más de una quinta parte de los votos obtenidos por Chávez se dirigen a partidos distintos al PSUV [...] El descontento o las críticas se han expresado también en un voto dirigido a organizaciones distintas del PSUV, sobre todo el PCV. En los días siguientes a las elecciones se lanzaron señales contradictorias. Por un lado, Chávez predica el diálogo y la apertura hacia la oposición. Por otro, militantes del PSUV piden una “rectificación” en el sentido de una profundización del proceso11 .

Es importante también señalar que el panorama de la oposición ha evolucionado mucho: se puede afirmar incluso, como hace el marxista Manuel Sutherland, que Capriles Radonski, candidato de la oligarquía y del imperialismo, es en cierta manera un “perdedor vencedor12 . El candidato de la MUD (Mesa de la Unidad Democrática), amplia coalición de una treintena de organizaciones (desde grupúsculos ex–maoístas a la extrema derecha), consiguió imponerse en las primarias frente a los grandes partidos históricos del “antiguo régimen”: COPEI (demócrata-cristiano) y Acción Democrática (socialdemócrata). Treintañero, procedente de la gran burguesía, dirigente de Primero Justicia (nuevo partido creado en 2000 con el apoyo de ultraconservadores estadounidenses) y muy activo durante el golpe de Estado de 2002, Capriles ganó en buena medida su desafío: imponiendo su estrategia, ha conseguido también rejuvenecer y dinamizar la imagen de la oposición, ha triunfado con brío en muchos mítines en todo el país. Todo esto lejos de la histeria semi-fascista de los años anteriores, llegando a hacer una campaña de propaganda con tonalidades de centro-izquierda, “humanista”, proclamándose cercano a Lula y vinculado al progreso social… al mismo tiempo que proponía un programa violentamente neoliberal 13 . Conclusión de Sutherland: “Capriles Radonski ha dado claramente la impresión de ser un rival que se prepara para tomar el poder a mediano plazo (2018), en un contexto electoral más favorable, esto es, en el momento en que el deterioro de la popularidad del chavismo como consecuencia del aumento de los problemas de la sociedad venezolana (inseguridad, elevado coste de la vida, paro, etc.) será determinante. Si las actuales tendencias electorales continúan evolucionando en estas direcciones por los dos campos, Capriles bien podría ser el próximo y más neoliberal presidente de Venezuela”.

Las elecciones regionales (elección de gobernadores y de parlamentos federados) de mediados de diciembre serán sin duda una nueva prueba para el campo bolivariano. Ya se siente cierto malestar en el seno del chavismo militante, frente a los candidatos escogidos, todos nombrados “por arriba”, y frente a los representantes de la dirección burocrática de un PSUV cada vez más alejado de su base, que proceden directamente del poder militar que rodea al presidente. Por ejemplo, en el Estado de Bolívar se encuentra Francisco Rangel Gómez, que aspira a una segunda reelección, a pesar de ser conocido por su feroz oposición feroz contra los obreros de SIDOR en el 2008; y en el Estado de Lara, el ex–gobernador y militar Luís Reyes Reyes sigue llevando los colores bolivarianos, aunque ha sido acusado por muchos movimientos sociales de ser responsable, en el pasado de violaciones a los derechos humanos.

A pesar de todo, y a pesar de este panorama abiertamente crítico (que nos parece indispensable a la hora de expresar nuestro internacionalismo tanto frente a la intensa campaña mediática antichavista 14 como frente a las oligarquías del sur y del norte), el pueblo bolivariano (y sus luchas) sigue vivo, dinámico, rebelde, dispuesto a sublevarse. El proceso no está muerto, ni mucho menos. Basta con recorrer los “ranchos” de las grandes ciudades, las calles de Caracas, las fábricas de Ciudad Guyana o el interior del país para darse cuenta. El “proyecto alternativo en tensión”, según denominación del politólogo y altermundista Edgardo Lander, sigue siendo un dato central de las coordenadas políticas de la actual Venezuela. Este proyecto, atravesado por una “tensión entre el control desde arriba y la autonomía por la base”, ha cristalizado en torno a la noción medular del conjunto del discurso político bolivariano: el “pueblo soberano15 . De éste dependerán precisamente los próximos meses. Según el editorialista de La Jornada, Guillermo Almeyra: “Quienes votan por Chávez no están ciegos frente a los problemas de la corrupción, del verticalismo, del burocratismo, de la dirección militar de un proceso que exige, por el contrario, la más amplia participación decisiva de la población, la discusión abierta de las distintas opciones posibles para resolver los grandes problemas, el control popular de las realizaciones y de las instituciones gubernamentales”. Y añade: “En lugar de presentar una candidatura independiente y antichavista, como la del combativo sindicalista Orlando Chirino, separando a los socialistas de los chavistas, la izquierda revolucionaria habría debido trabajar junto a los chavistas partidarios del socialismo para reforzar la autoorganización de los trabajadores y, tras la derrota de la derecha, librar batalla en mejores condiciones contra el verticalismo y los burócratas-tecnócratas que esperan la desaparición de Hugo Chávez para controlar el aparato de Estado. Porque las grandes batallas se librarán después del mes de octubre”.

Esta opción es compartida, en particular, por Marea Socialista, corriente anticapitalista del PSUV, de quien presentamos una entrevista aquí debajo. Durante las elecciones presidenciales, sus militantes –muy implicados en el movimiento sindical y en una parte del movimiento de jóvenes- lanzaron una campaña en base a las consignas “7 octubre: Chávez presidente; 8 octubre: liberar a la revolución de sus burócratas” y “¡Por un gobierno del pueblo trabajador sin capitalistas!”. Se habían reagrupado, en mayo de 2012, en el seno de la APR (Alianza Popular Revolucionaria) intentando construir una movilización bolivariana autónoma, no infeudada en las estructuras del Estado o del PSUV, junto a la organización campesina “Corriente Revolucionaria Bolivar y Zamora”, el Movimiento de Pobladores, la Asociación Nacional de Medios de Comunicación Comunitarios Libres y Alternativos (ANMCLA), Surco (colectivo de educación universitaria), organizaciones feministas, etc. Frente a las veleidades, de una parte del gobierno, de conciliación con la oposición o la oligarquía, que parece despuntar en las últimas semanas, estos sectores críticos subrayan que sólo las luchas sociales y la profundización de las conquistas democráticas, de las formas de participación autónoma y un control sobre la economía y sobre el funcionamiento del Estado, la creación de formas de poder popular real, podrán dar un contenido concreto a los llamamientos al “socialismo del siglo XXI”. Y comenzar a superar así los obstáculos y contradicciones del proceso bolivariano, sin permitir el retorno de los neoliberales y de los agentes de Washington al país. Se trata de la última oportunidad dentro de esta nueva secuencia política abierta, luego de 13 años en el poder. Y nada indica por ahora que sea la más probable, aunque sea la más deseable desde el punto de vista de los anti–neoliberales consecuentes y de los anticapitalistas.

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” El rumbo debe ser realmente anticapitalista y socialista”

Entrevista con miembros de la Coordinación Nacional de Marea Socialista (corriente de militantes del PSUV y de la revolución bolivariana), Gonzalo Gómez, fundador de Aporrea.org ( www.aporrea.org ), Stalin Pérez, Juan García y Zuleika Matamoros.

Franck Gaudichaud: Según su punto de vista, ¿cuáles son los puntos esenciales de esta victoria electoral de Hugo Chávez, por qué destacar la importancia de este resultado y cuales serán su impacto regional en América Latina?

Gonzalo Gómez: Con estos resultados electorales, en primer lugar, hay que decir que ganó Chávez y con él ganó el pueblo. Con la reelección de Chávez sigue abierto el proceso revolucionario en Venezuela y se mantiene la oportunidad de seguir avanzando en las transformaciones sociales y políticas que han distinguido a la revolución bolivariana.

Juan García: Sí, efectivamente, hay que decir que en estas elecciones del 7 de octubre en Venezuela, la burguesía y imperialismo no lograron truncar la revolución bolivariana. El país continúa en una línea de relativa independencia respecto a la dominación imperialista. La burguesía no consigue aún el espacio para reimplantar sus políticas neoliberales y su control directo del Estado, que le fue arrebatado por el proceso revolucionario.

Gonzalo Gómez: Respecto a tu pregunta sobre el impacto regional… La correlación de fuerzas en América Latina sigue siendo favorable a la revolución y a la llamada “integración” regional, con el triunfo de Chávez. La opción intervencionista del imperialismo queda debilitada y postergada, lo cual da preferencia a otras estrategias que están tratando de utilizar para neutralizar a la revolución bolivariana en el escenario geopolítico latinoamericano.

Zuleika Méndez: Pero, aunque empezamos el análisis por reconocer la significación del triunfo de Chávez, también hay que reconocer la amenaza creciente de la derecha. En estas elecciones hubo una diferencia a favor de Chávez de más de un 11 %, lo que es muy importante, pero no podemos pasar por alto la observación de que, en comparación con elecciones anteriores, como la del 2006, el chavismo retrocede en el porcentaje de votantes y en la distancia respecto a la derecha.

Juan García: Claro, Zuleika tiene razón y sobre esto estamos queriendo llamar la atención en el debate que viene a partir de los resultados electorales. En 2006 Chávez obtuvo casi el 63 % de los votos y el candidato de la derecha casi el 37 %. La brecha a favor de Chávez fue del 26 %. En estas elecciones del 7 de octubre de 2012, Chávez obtuvo algo menos del 56 % y Capriles un poco más del 44 %; por consiguiente, la brecha se acortó, por debajo del 12 %.

En términos absolutos, de número de votos, Chávez consiguió unos 800 mil votos más que en las elecciones de 2006 y la derecha conquistó 2 millones 200 mil votos más que en la última elección presidencial, con un padrón electoral de más de 3 millones de electores nuevos (son cifras aproximadas que tenemos a partir de los boletines que han sido emitidos hasta el momento).

El chavismo ganó en 22 de los 24 estados y la derecha perdió la mayoría en varios de los estados en los que detenta el poder regional, pero a la vez se fortaleció en muchas de las grandes ciudades y creció mucho en porcentaje y número global de votos.

Stalin Pérez Borges: Por eso el llamado de atención sobre el peligro que marca esta tendencia. Si el comportamiento electoral siguiese la misma tendencia que se observó el 7 de octubre, habría un riesgo muy serio de que el próximo candidato presidencial bolivariano (Chávez o cualquiera que lo relevase) pudiera perder la presidencia; la derecha tendría gran posibilidad de ganar.

Incluso, esta posibilidad podría plantearse con riesgo similar, a mitad del período si la oposición burguesa activase un referendo revocatorio, como lo hizo en el año 2004.

Por eso es que, aunque celebramos la victoria, decimos que hay un problema, porque Chávez ganó retrocediendo y la derecha perdió avanzando. Y esto ocurrió con la más baja abstención que se haya producido en todas las elecciones nacionales. Se aprecia, por consiguiente, un desgaste electoral de Chávez.

FG: Pero antes de ir a las causas, a las posibles razones que puedan explicar el resultado, me gustaría que hablásemos un poco sobre cuáles eran las grandes líneas del programa del candidato del PSUV para esta campaña.

Gonzalo Gómez: Chávez presentó un programa con cinco objetivos históricos. Por una parte hubo un mensaje de campaña que buscó el empalme emocional, la vinculación afectiva de Chávez con el pueblo. Para ello utilizó la consigna: “Chávez corazón de la patria”. Pero esa consigna, más allá del impacto psicológico que se le pudiese atribuir, no tenía en sí una definición ideológica de izquierda y hasta hubiese podido ser tomada por el contrincante de la derecha, Capriles Radonski; que por supuesto no representaba eso, porque carece de la resonancia afectiva que tiene Chávez en la población y su imagen no está asociada al sentido de patria, soberanía e independencia, que es lo que Chávez quiso expresar. Los objetivos esbozados en la propuesta programática en realidad se discutieron muy poco y la campaña se centró más, sobre todo en las últimas semanas, en denunciar la amenaza que suponía el programa-paquetazo neoliberal de Capriles y su coalición de derecha (MUD) para las conquistas sociales, económicas, políticas, democráticas y de independencia nacional obtenidas en 14 años de la revolución bolivariana.

Juan García: Tú sabes que este pueblo, quedó marcado, históricamente, por la reacción que tuvo en el año 1989 contra el intento de imponerle un paquete neoliberal de medidas fondomonetaristas; la revuelta del 27 de febrero, que dio inicio a este período revolucionario que aún estamos viviendo, en el que emergió la figura de Chávez y el proceso constituyente que se dio tras su llegada al poder en el año 1998. Por eso, la denuncia de las intenciones de Capriles de volver con esas políticas es de un efecto muy importante. Ahí, el “fantasma del comunismo” que la derecha siempre usó para atemorizar a los pueblos con el arrebato de las propiedades personales, se volvió en su contra, porque esta vez Capriles encarnaba la amenaza de que al pueblo venezolano le fueran quitadas las conquistas acumuladas con el mandato de Chávez, en materia de salud, educación, dotación de vivienda, pensiones, reducción de la pobreza, etc.

FG: ¿Cuál es el balance (critico) de los últimos meses de campana electoral en cuanto a la acción de tres actores esenciales: el gobierno; el PSUV; el movimiento popular?

Zuleika Matamoros: Si empezamos por el movimiento popular, éste fue desplazado por el PSUV y por el aparato gubernamental. El Gran Polo Patriótico, que generó gran expectativa y fue visto como una oportunidad de insuflarle gran entusiasmo a la campaña, como espacio de participación de las bases y de los sujetos sociales del proceso, se desinfló por el secuestro de sus iniciativas políticas bajo la imposición de líneas del PSUV y la maquinaria electoral. Es lamentable, porque en las elecciones del 2006 la participación de base fue mucho más vigorosa y rindió mejores resultados. La campaña electoral se condujo de manera bastante burocrática y esa es una fuente de daño político. Pero el PSUV no estuvo a la altura, no fue el verdadero motor de la campaña, debido al empeño de la burocracia en matar las iniciativas de base y la autonomía de los movimientos. Los factores más importantes fueron el propio Chávez que se echó la campaña sobre los hombros en las semanas finales, y la participación espontánea del pueblo consciente de la amenaza de la derecha, a pesar del entusiasmo restado por malestares y malas experiencias generadas por la burocratización del proceso.

FG: ¿Cómo analizar la campaña de H. Capriles, sus logros en términos de construcción de una oposición unificada para la presidencial, su capacidad real de movilización masiva mas allá del espacio « duro » de la derecha (y de la oligarquía) y su resultado electoral en Caracas y en el interior?

Stalin Pérez Borges: Con el auspicio del imperialismo, por supuesto, la derecha tuvo éxito, desde que realizó las primarias, en su unificación, independientemente de roces y fracturas de menor importancia que se produjeron. Desde sus propios objetivos tuvo una campaña bastante exitosa y supo golpear en el ánimo de sectores descontentos del pueblo, que a pesar de beneficios que puedan haber obtenido, resienten el maltrato de la burocracia gubernamental en instituciones y empresas del Estado, así como la falta de consecuencia y la ineficiencia en el abordaje de problemas sustanciales que no se resuelven en el capitalismo. Por primera vez en muchos años (en realidad desde el golpe de Estado de 2002), la derecha logró volver a movilizarse en el centro y oeste de Caracas (las zonas Chavistas y populares) y tuvo una muy concurrida concentración de unas ciento cincuenta mil personas en la Av. Bolívar de la capital. Sólo que la reacción popular chavista el 4 de octubre multiplicó por cinco o por seis la concentración llamada por la derecha y colmó varias avenidas al mismo tiempo. Pero es indudable que la derecha ha venido permeando poco a poco en los sectores populares y sobre todo en la llamada clase media, entre aquellos que no están satisfechos y le atribuyen a Chávez la falta de éxito en el manejo de problemas agobiantes como el de la seguridad frente a la delincuencia.

FG: Después de esta victoria electoral, se abre un nuevo periodo de 6 años de gobierno: ¿cuáles serán las características de este gobierno?, ¿y cómo enfrentará grandes problemas como la burocracia, el clientelismo, la ineficacia estatal, la inseguridad, los cuales han sido reconocidos públicamente por el presidente?

Gonzalo Gómez: De seguir la tendencia que se observó, de crecimiento electoral de la derecha, y ante la incertidumbre que genera la posibilidad de que la derecha ya no se enfrente a Chávez en las próximas elecciones, no está de más advertir la posibilidad de que pudiese ocurrir lo sucedido a los sandinistas en los años 80, cuando retornó la burguesía al poder. Si no se avanza en las medidas anticapitalistas y sigue la burocratización; si no se genera una dirección colectiva, obrera y popular del proceso revolucionario; si continúa la extrema dependencia del liderazgo de Chávez… el desgaste podría ser irreversible. Por eso Marea está planteando que hay que impulsar a fondo el ejercicio de la contraloría social y la genuina participación democrática para enfrentar al burocratismo; decimos que es necesario que Chávez abra un espacio de consulta permanente a las organizaciones de la clase trabajadora, el campesinado, los organismos del poder popular y los movimientos sociales del proceso, para compartir el diseño y aprobación de las políticas. Necesitamos como un relanzamiento de la experiencia constituyente, en torno al nuevo programa planteado por Chávez en estas elecciones y el concurso de los sujetos sociales del proceso en el ejercicio de la gobernabilidad revolucionaria. Es con los movimientos que hay que identificar las prioridades y las medidas a aplicar.

FG: El presidente se ha visto fragilizado por su enfermedad y, al mismo tiempo, estuvo muy presente en las últimas semanas de campaña. Igualmente, no cabe duda que su liderazgo carismático y popular ha sido fundamental para esta victoria: ¿podrá existir un “chavismo sin Chávez”?

Juan García: Sin Chávez como factor aglutinante y sin la construcción de una dirección colectiva surgida del seno del pueblo organizado, creemos que el “chavismo” caería en la dispersión y la confusión. Por eso estamos planteando que hay que darle forma a un nuevo gobierno con real participación de las expresiones del movimiento popular y las organizaciones de la clase trabajadora.

FG: ¿Cómo se avizoran ahora las elecciones locales y regionales de diciembre?

Zuleika Matamoros: Hay quienes hablan de un efecto de “arrastre” del triunfo de Chávez el 7 de octubre. Pero creemos que la designación a dedo de los candidatos a las gobernaciones, en contra del sentir e incluso ignorando el rechazo popular expreso de algunos nombres, no va a contribuir a revertir la tendencia que se viene expresando con el crecimiento de la derecha. Hay el riesgo real de perder gobiernos regionales y que la derecha obtenga una correlación de fuerzas todavía más favorable.

FG: A mediano y largo plazo, ¿cuáles son las perspectivas para el proceso bolivariano y las posiciones que se enfrentan en el espacio político del bolivarismo en cuanto a profundizar -o no- las conquistas del proceso y superar sus tensiones y contradicciones? ¿Cuáles son las posiciones defendidas por su corriente, Marea Socialista?

Gonzalo Gómez: Cada vez se habla más de la necesidad de una corriente de izquierda radical en el proceso revolucionario venezolano. Mientras que el gobierno últimamente viene hablando de que se necesita una “derecha responsable” con la cual dialogar y ponerse de acuerdo, nosotros y buena parte de la vanguardia, opinamos que lo que hace falta es una izquierda revolucionaria consecuente, para orientar y hacer presión para un cambio de rumbo y para la adopción de políticas que nos conduzcan a completar la ruptura con el capitalismo, que nos lleven a superar el esquema de “economía mixta” y nos permita el tránsito hacia el socialismo, que ha desacelerado su construcción, al tiempo que la burocracia traba la solución de los más importantes problemas, tanto urgente como estructurales.

FG: Y para terminar: ¿en qué están las experiencias de participación popular como la experiencia de control obrero (en Sidor) y de poder popular en barrios (como los consejos comunales) y comunas? Se habla mucho de socialismo de siglo XXI pero la campaña se centró en eslóganes muchos « emocionales » o generales como « Chávez, corazón de la patria »: en qué esta el llamado a construir el “socialismo del siglo XXI”, mas allá de la retórica?

Stalin Pérez: Como tú mismo te has percatado, prima la retórica sobre la consecuencia política. En el caso del control obrero, reconocemos que Chávez abrió una oportunidad de hacer el ensayo, a partir de una lucha previa que dieron los trabajadores; pero la conducta de la burocracia estatal sofoca y pervierte las experiencias. Por supuesto que el reto es nuestro en cuanto a superar eso escollos con capacidad de lucha y consciencia revolucionaria. En el caso del poder popular, con los consejos comunales y comunas, aunque esto es muy progresivo, se mantiene limitado a la escala local y los nacientes organismos también deben sortear la burocratización, la cooptación por el Estado y las relaciones clientelares, mientras que no hay una decidida política que les permita pasar de los asuntos barriales a un verdadero involucramiento en el ejercicio del gobierno dentro de su alcance territorial y en los asuntos nacionales. Por eso hablamos de que Chávez debe llamar, y nosotros debemos exigirlo, a que lo que se ha construido como poder popular y los movimientos sociales tengan expresión en la configuración del gobierno de Chávez y en las políticas que se vayan a dictar, en estrecha consulta con el pueblo. El rumbo debe ser realmente anticapitalista y socialista y la vía debe ser la real instrumentación del poder de los trabajadores y el pueblo.

NOTAS

(1) Orlando Chirino, sindicalista revolucionario, militante trotskysta y candidato del PSL (Partido Socialismo y Libertad), obtuvo solo 4140 votos (o sea 0,02% de los electores), sin lograr tener influencia alguna sobre el electorado popular. Ver los resultados: www.eleccionesvenezuela.com/resultados-elecciones-venezuela.php .

(2) E. Laclau, La razón populista, FCE, Buenos Aires, 2005.

(3) M. Lemoine, « Venezuela : les électeurs ont « confisqué » la démocratie », www.monde-diplomatique.fr , octubre 2012.

(4) Esta ley reconoce entre otras cosas amplios derechos para las mujeres trabajadoras; permite una importante reducción del tiempo legal de trabajo de 44 horas a 40 horas semanales (y 35 horas para el trabajo nocturno); el combate a la tercerización o el reforzamiento de la protección social y de los derechos laborales o a la huelga.

(5) Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos o ALBA-TCP: www.alianzabolivariana.org .

(6) Leer: F. Esteban, S. Brulez, « Le laboratoire du socialisme du XXIe siècle cherche toujours la formule qui marche », Inprecor, n° 564-565, agosto 2010 y P. Stefanoni, « El triunfo de Chávez y el socialismo petrolero », Viento Sur, octubre 2012, http://vientosur.info/spip/spip.php?article7271 .

(7) A. Acosta, La maldición de la abundancia, Quito, Abya Yala, 2010.

(8) Ver los escritos de Víctor Álvarez, economista y exministro de las industrias de base y de las minas: Venezuela: ¿Hacia dónde va el modelo productivo?, Caracas, Centro Internacional Miranda, 2009.

(9) Incluso colectivos y militantes libertarios, como el intelectual crítico Roland Denis, llamaron a votar para Hugo Ch á vez, concientes del peligro que representaban Capriles y la MUD.

(10) Tout est à nous ! La Revue, diciembre 2012. Ver también: P. Guillaudat et P. Mouterde, Hugo Chávez et la révolution bolivarienne, M Editeur, Québec, 2012.

(11) M. Sutherland, « Retour sur la victoire de Chavez : radicalité vs. conciliation droitière », Apporea.org, octubre 2012 (consultado en francés en: www.avanti4.be ).

(12) Ver el análisis, muy difundido durante la campaña por el PSUV, del sociólogo Romain Mingus: El Nuevo Paquetazo, www.comandocarabobo.org.ve/el-nuevo-paquetazo .

(13) Leer el informe « Venezuela » del colectivo ACRIMED (Acción Crítica Medios) – Paris: www.acrimed.org/rubrique179.html .

 

Fuente: Revista Inprecor – www.orta.dynalias.org/inprecor/ – noviembre de 2012 – Traducción de Viento Sur (www.vientosur.info/spip/spip.php?article7478)

Articles by: Franck Gaudichaud

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